John Anderton, es un policía encargado de capturar y llevar a juicio a las personas que de antemano, se tiene la certeza que cometerán un crimen, aunque aun no lo hayan cometido. Las previsiones son hechas por unos seres (los Pre-Cog), con el don de poder visualizar con extrema certeza, los crímenes antes que ocurran. En base a sus reportes, la unidad de Anderton se moviliza para capturar a los futuros criminales. Pero Anderton descubre que será buscado por un próximo asesinato que él mismo no comprende cómo y por qué lo haría y tiene que emplearse a fondo para descubrir primero esas causales, antes que sus antiguos compañeros, lo atrapen.

En breve, esta podría ser la síntesis de la película Minority Report  (2002) protagonizada por Tom Cruisse, de una narración de ese genio de ficción-ciencia que es Phillip K . Dick y que plantea un problema ético-jurídico en relación a la predictibilidad del crimen y del castigo.

Llevado a uno de esos extremos, castigar preventivamente, antes de la comisión del delito,  era y es el fondo de las agresiones de Estados Unidos a Irak o Afganistán y es lo que justifica el mantenimiento a troche y moche, del gettho de Guantánamo. Sin embargo, hoy se habla mucho, especialmente en el campo judicial, de la justicia preventiva, de medidas cautelares contra el crimen, de la necesidad de medidas disuasivas y convincentes que disminuyan la capacidad del potencial criminal, de cometer su fechoría.

Uno de esos aspectos, en Nicaragua, es descubrir el tratamiento preventivo, correctivo y penal que detenga las agresiones y la violencia contra las mujeres, especialmente en los casos de parejas no solamente dis-funcionales sino anti-funcionales. Ha sucedido que las mujeres agredidas han pasado el calvario de procedimientos de denuncias contra la violencia intra familiar de la que son víctimas e incluso, ese lento proceso ya está en marcha, cuando sucede que el agresor potencial aborda y castiga con más agresiones y lesiones, a veces con la muerte, a estas mujeres que ya decidieron denunciarlos y buscar ayuda.

El proceso es complicado en Nicaragua y está diseñado o así opera en la práctica, para disuadir a la mujer de continuarlo, aumentando los riesgos de su victimización. Se conocen casos donde las policías de la Comisaría de la Mujer, a la manera de consejeras matrimoniales, inducen a las mujeres a llegar a algún tipo de arreglo con sus agresores, reales y potenciales o a devolverlas a sus casas, puesto que no llegan heridas, quebradas o sangrantes a la manera de los noticieros de nota roja. Al poco tiempo, la mujer resulta asesinada por su “pareja”, como leemos frecuentemente en los diarios.

Hay sectores de mujeres que están clamando por una tipificación mas adecuada para este tipo de delitos, de tal manera que sea posible, de cierta forma, tener un Minority Report que presuponga que al interponer una denuncia contra un agresor y abusador, el denunciado sea sujeto de medidas  de control y cautela. Quizás esto es más complicado que en el relato de Phillip Dick, porque los especialistas juristas van a argumentar que no se puede sancionar a nadie mientras el delito no hay sido cometido y que todo acusado se presume inocente hasta que se demuestre su trasgresión.

Pero afortunadamente, hay países que están haciendo algo en ese sentido, aunque lógicamente, sus niveles de desarrollo y tecnología se lo permite.  Por ejemplo, en España se están implantando en algunas ciudades y localidades, pulseras GPS en las muñecas de los hombres agresores que han sido denunciados por sus parejas.

Pulsera GPS usada en España en las muñecas de potenciales agresores de mujeres.

La mujer carga su respectivo aparato que la alerta de la proximidad riesgosa del agresor para que a su vez tome las medidas necesarias, avise a sus familiares o a la policía, de que se está produciendo un acercamiento físico de alto riesgo entre los potenciales victimario y víctimas.

Basta la presentación de la denuncia para la aplicación por la policía, de la medida cautelar al potencial agresor, sin requerirse orden judicial. El uso  de estas pulseras GPS, de enorme utilidad para la prevención de daños y agresiones a mujeres, aun no se ha masificado lo suficiente en la misma España, pero es una buena referencia, incluso como antecedente jurídico, de la validez de medidas cautelares en estos casos de violencia y abusos contra las mujeres.

Es poco probable que llegue esta tecnología a Nicaragua para una función similar, pero contamos con la ventaja de que tenemos nuestras propias Pre-Cog, las mujeres activas y activistas que están demandando un esquema jurídico y policial más directo y efectivo para reducir los riesgos del incremento de las agresiones y de la peligrosidad de las agresiones y violencia intrafamiliar (que es otro concepto dudoso, de efecto diluyente del problema real). Este tipo de Control PRE  no solamente beneficiaria a las mujeres mismas, sino a sus potenciales agresores, que asi podran tener opciones de darle un mejor rumbo tambien, a sus propias vidas.

Partamos del hecho que la violencia intrafamiliar es un fenómeno que no tiene reversa. Su evolución solo puede ser hacia la consumación del delito, tarde o temprano y en ese sentido, debe aplicarse, como en Minory Report, las medidas que apliquen de hecho, sanciones y disuasiones fuertes para disminuir los riesgos de ese agravamiento.

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