Tengo mis reservas hacia el concepto “machista” tanto como hacia el término “feminista” porque creo que no hay una conceptualización acabada y principalmente, aplicable en la práctica para que sean útiles.

Pero me es útil partir de la visión marxista que los roles sociales de los individuos están determinados por la división social del trabajo, por las relaciones sociales generadas sobre la forma como los seres humanos se conectan a la economía y de allí, entre ellos. Y por el enunciado que los conceptos, ideas, teorías, abstracciones que nos hagamos sobre la economía, sobre los otros individuos, sobre las relaciones entre estos individuos y sobre mi ubicación como individuo en estas matrices, dependen del tipo de economía en la que esté inmerso.

En los estudios de derecho, se ha establecido que una fuente del andamiaje de leyes, reglamentos, disposiciones con las que en el transcurso de la civilización nos vamos dotando (o deberíamos irnos dotando), es la costumbre. Lo consuetudinario, que no es más que la práctica social reiterada y con efecto multiplicador y de permanencia, siendo una de las fuentes de derecho, no siempre es la recomendable.

Y lo consuetudinario en el caso de los comportamientos de hombres y mujeres, en la forma como se relacionan hombres y mujeres, pesa mucho, tanto como la matriz económica en la que esas relaciones se basan. Por ejemplo, en el campo, en nuestro medio rural, tradicionalmente, consuetudinariamente, el hombre sale del rancho, de su casa, hacia la parcela, el campo cultivado, el potrero, el bosque, en el caso de nuestras comunidades del Caribe. En las ciudades, va a la oficina, la fábrica, la empresa, al “pegue”. El sitio donde obtiene valores intercambiables por su fuerza o capacidad de trabajo.

En todas esas opciones, la mujer se encarga de la logística de retaguardia que le facilita a ese hombre, insertarse en la economía y las relaciones sociales resultantes. Estas relaciones sociales le permiten a él ser proveedor/consumidor, factor activo en los mecanismos de intercambio de trabajo por salario o ingresos, mientras la mujer en casa, en el rancho, espera esos resultados. La “espera” de la mujer se refiere a asegurar la reproducción y mantenimiento biológico del hombre-proveedor (“¿Ya está lista la cena?”), su vestimenta, el cuidado y educación de los hijos mientras él está ausente y en la medida de lo posible, darle oportunidad de la manifestación y satisfacción (bien unilateral o interactivamente), de su libido, de su necesidad de placer y realización sexual.

Si en términos marxista el obrero concurre al mercado en un intercambio desigual  que hace que quede en manos de los capitalistas el sobreproducto, el plusvalor generado, hasta el punto que agota sus energías fisicas ymentales, deteriora su capacidad técnica de seguir siendo exprimido, es menester hacer una pausa para que pueda soportar una jornada adicional. Por eso los obreros, las clases trabajadoras, duran poco tiempo solteros: La mujer en casa tiene la función estratégica de devolver al dia siguiente, a este obrero, restaurado y listo para ser, de nuevo, exprimido.Un plato de comida, un asiento, una television, una cama, son los elementos basicos de la restauración para la sostenibilidad de la plusvalía. La mujer en este sistema, es la guardiana de esa plusvalía.

 Llegando de la matriz económica donde se realizan las transacciones entre trabajo y otros valores, el hombre en su casa realiza las últimas transacciones del día: “¿cocinaste los alimentos que conseguí?, ¿tenés preparada la ropa que compré?, ¿está limpia y ordenada la cama en la que descansaré de mi jornada? ¿has vigilado, alimentado y controlado a los hijos que te confié? ¿estás lista para darme el placer y la catarsis que necesito antes de dormir? “¡Entregame tu cuerpo entonces, que he tenido un día duro y falta el de mañana!”.

Estas transacciones del final del dia, por lo consuetudinario, se llegan a conceptualizar, a idealizar, a teorizar como las relaciones normales y lógicas entre hombre y mujer. Quizás a estas conceptualizaciones les podamos llamar, de alguna manera, como “machismo” e incluso, a las actitudes rebeldes de algunas mujeres cuestionando e insubordinándose contra este “costumbrismo” o práctica social, “feminismo”. Son formas algo eufemística para referirse a unas relaciones basadas en una división del trabajo mediante la cual una parte, los”hombres” atiende el mercado de intercambio social y otra, parte, las “mujeres”, atiende el mercado doméstico. Pero todo, sujeto a transacción e intercambio y a relaciones de subordinación de unos sobre otros u otras, en este caso.

Plantear una insurrección solitaria en lo doméstico, que me parece es el postulado mas común del llamado “feminismo”, pretendiendo emancipar a la mujer sin atender la matriz económica en la que se basa esa relación de subordinación, opresión e incluso, explotación contra ella, puede resultar en una trampa: ¿son los “hombres” los enemigos o son las relaciones sociales de producción y sus modelos teóricos y filosóficos opresivos?

Del otro lado, ¿no resulta claro, desde esta óptica, que el “machismo” no es mas que la reacción, la fuerza retardataria que se resiste a un cambio en la lógica de la matriz económica, reflejada en la lucha por alargar, institucionalizar el dominio y la opresión, incluso mediante la violencia, de la mujer? Mientras un obrero puede pretenderse revolucionario con sus planteamientos emancipadores frente a su patronal, actúa fácilmente como un füehrer y emperador asiático frente a los derechos, incluso humanos, de su pareja mujer.

La violencia de dominio de la pareja hombre contra la mujer, infla e infla las estadísticas de muertes y agresiones físicas y emocionales. Es por allí donde el sistema opresivo que los encadena a ambos, pone a prueba su capacidad represiva y disuasiva contra todo síntoma de emancipación. Por ello es difícil avanzar contra el “machismo” en una sociedad donde no se está cuestionando la base, la matriz económica y política, el tapete sobre el cual se manifiestan las relaciones sociales, incluyendo la de hombres y mujeres.

Anuncios