Las investigaciones apuntan hacia la posibilidad de un segundo agresor

El sábado 8 de enero del corriente, en Tucson, Arizona, Jared Loughner, de 22 años, utilizando armas de asalto compradas en la tienda de la esquina, disparó a la cabeza de la Congresista Gabrielle Giffords y desató un tiroteo en el que murieron 6 personas, entre ellas, Christina Taylor Green, de 9 años, el  juez Roll, de 63 años; el asesor de Giffords Gabe Zimmerman, de 30; Dorothy Morris, de 76; Dorwin Stoddard, de 76; y Phyllis Scheck, de 79. Catorce personas resultaron heridas. Las investigaciones preliminares indican que fue un acto largamente planificado.

Giffords venía apoyando la reforma sanitaria, la reforma migratoria, las investigaciones de salud con células embrionarias y las energías alternativas, a contrapelo del sentir de amplios sectores de su propio Estado.

Esta literal masacre en el propio seno de los Estados Unidos,  es indudablemente un hecho político, una acción terrorista, indetectable para los servicios de inteligencia y seguridad de Estados Unidos, que como ya he comentado antes, deben cuidarse más en realidad, de sus propios demonios internos, como los desatados este sábado en Arizona.

Y aunque muchos de mis contactos en FB y lectores de mi blog (https://carloslucasblog.wordpress.com/) reaccionan a veces algo irritados a mis comentarios sobre las acciones y omisiones de una de las mayores potencias del mundo, ese poderoso país que es Estados Unidos, no podemos dejar de observar con ojos bien abiertos, lo que sucede en su interior y lo que hace en su exterior. La reacción de Estados Unidos, a los actos del 9-11 en el 2001, nos siguen afectando a todos desde esa fecha,  guste o disguste, se quiera o no. Y así va a seguir sucediendo.

El Té y la guerra

Una de mis referencias en estos medios, era la necesidad de darle atención y seguimiento al fenómeno en el que se ha ido convirtiendo el Tea Party y lo que de hecho está sucediendo, con las nuevas representaciones en el Congreso, donde los demócratas han perdido terreno, en lo que constituye ya un movimiento significativo de cuestionamiento a la Presidencia de Barack Osama Hussein desde los sectores mas violentos y guerreristas de ese país.

La masacre de Arizona no es un hecho aislado en sí, aunque la defensa del joven agresor así lo intente presentar. Hay suficientes evidencias que ésta es una consecuencia que ya se avizoraba en las tesis, agitaciones y consignas del Tea Party, incluyendo su gesto simbólico de “volver a las raíces de la americanidad” haciendo leer a los Congresistas, de cabo a rabo, la Constitución del país en su acto de instalación este año. Fue una especie de alerta sobre lo que ha de venir.

También han sido  signos de lo que venía, los atentados a las oficinas de  la congresista,  Gabrielle Giffords, (la Congresista con un balazo en su cabeza), a raíz de la aprobación de la ley de reforma sanitaria que había apoyado. Giffords había venido denunciando esas agresiones y amenazas recibidas en su contra, además de continuos y violentos ataques verbales de algunos sectores. Ella se había convertido en un blanco público de los sectores más conservadores y violentos de Estados Unidos. Incluso Sarah Palin, esa mata- osos de Alaska y que fue pre candidata a la presidencia de Estados Unidos, en su sitio de Face Book,la había colocado en un mapa de objetivos que había que batir, señalados con mirillas telescóspicas. Ver:http://www.sarahpac.com/

Confirmando el clima anterior, el sheriff del condado de Pima, en Arizona, Clarance Dupnik, a raíz de las investigaciones que se desarrollan en estos momentos sobre el tiroteo, “no dudó hoy en afirmar que el debate inflamatorio de los últimos meses podría haber servido de germen para el ataque del sábado”. El fundador del Tea Party, Judson Phillips respondió en los medios llamando “sheriff izquierdista” a Dupnik y llamando a sus seguidores a enfrentar acusaciones de responsabilidad en lo ocurrido. http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=647784).

¿Qué es “Tea Party”?

Ese nombre recuerda uno de los primeros amotinamientos de las antiguas colonias inglesas en el norte de América, a raíz de recargas impositivas de Inglaterra contra las importaciones de té desde el territorio colonizado. El concepto de “Tea Party” refleja ese sentido de amotinamiento contra un poder considerado extraño y así es rescatado para enfocarse en la lucha contra Obama. Una de las consignas que usan es:”Recuerda, disentir es patriótico”. Una de las características de este movimiento retardatario además de su lenguaje violento, guerrerista, racista, anti inmigratorio, es su culto al derecho de libre acceso y uso de todo tipo de armas.

Es lo que ha permitido acceso a tales armas de guerra, al joven terrorista estadounidense, Jared Loughner, apresado y en trámite de investigación y juicio por esas muertes.

“Barack Obama Hussein”  hace unos cuantos años, sería lo último a imaginarse como el nombre de un Presidente de los Estados Unidos de América. De padre africano islámico, madre estadounidense cristiana, nacido en Hawai, fue electo empujado por una serie de expectativas de los ciudadanos de ese país, hartos del imperio de mentiras del clan Bush, de una terrífica como inefectiva estrategia anti terrorista, de la estrechez de oportunidades en el desarrollo económico, de la posibilidad de perder la hegemonía “americana”.

Hillary Clinton, su hoy Secretaria de Estado, en su campaña por la candidatura presidencial, llegó incluso a presentar a Obama vestido de musulmán, haciendo chacota con su nombre y su genética (luego se disculpó). Esos enfoques, ahora manipulados por el Tea Party, son como una bola de nieve que lleva a una avalancha de prejuicios, violencia y muerte no solamente en lo interno de Estados Unidos, sino en el resto del mundo.

Ahora, la historia ha colocado a Barack entre su deber de llevar a cabo sus promesas o ceder a estos sectores guerreristas y violentos.

Odio, Intolerancia, Violencia, Fundamentalismo, son los cuatro jinetes del Apocalipsis de cualquier conglomerado. Ellas son las banderas de las fuerzas más nefastas en el interior de esa gran potencia mundial, aglomerándose cada vez más explícitamente en el movimiento Tea Party, dividiendo mayormente a la ya seriamente divida sociedad de Estados Unidos.

Para Estados Unidos, Osama Bin Laden, Al Qaeda, los talibanes, los “terroristas” iraquíes, afganos, están resultando ser una especie de espejismo que distrae sobre sus demonios internos, esos que se posesionaron del joven Jared y lo han empujado a ese baño de sangre que todos lamentamos y deseamos que no vuelva a ocurrir…en ninguna parte del mundo.

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