Entre cojines de arabesco, aquella primera noche


Estuvimos desvelándonos juntos,

que no durmiendo ni haciendo el amor,

sino rondándolo suavemente por los bordes,

como haciendo rodeos

como esas hormiguitas

que rondan su terroncito de azúcar

antes de tirarse a la faena de embriagarse

hasta el cansancio.

La noche fue dulce y suave

como tus labios buscando a los míos.

Ya extraño lo familiar de tus uñas

suavemente haciendo trazos en mi espalda

y he dejado trazado en la tuya

un mapa de lo que quiero que suceda

en ese territorio

ansiado por lo inesperado,

que ya sos para mí.

®Carlos A. Lucas Arauz

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