El Presidente Correa es irespetado y atacado con lacrimógenas adquiridas por su gobierno.Creo que no habría prácticamente nadie que pueda apoyar las demostraciones de intransigencia que de ambos lados se observaron en la revuelta de policías contra el Presidente de Ecuador, especialmente el ataque de bombas lacrimógenas contra su persona y comitiva. Ni el cerco policial contra el hospital donde el Presidente se recuperaba de los efectos de las bombas de gases que el mismo gobierno ha comprado para reprimir manifestaciones populares.

Pero a todas luces, como lo demuestran los videos y noticias previos a la confrontación,  tampoco  fue sensata su actitud cuestionadora y retadora para enfrentar el conflicto, retando a los policías a que se tomasen los cuarteles e incluso a que lo matasen. No miramos a un estadista negociando convincentemente, haciendo uso de la persuasión y los argumentos, sino a una persona totalmente fuera de sí, soberbia e intransigente (Ver el video adjunto)  http://www.elpais.com/videos/internacional/quieren/matar/matenme/elpepuint/20100930elpepuint_1/Ves/).

Es obvio que respecto al orden y la paz, es el Presidente de un país quien tiene mayor responsabilidad en dar el ejemplo, por su cargo, su calificación, su educación, al margen de lo errado de las formas de protestas de una masa enardecida.

Menos que sea sensata en un Presidente, su actual actitud revanchista con la que de manera indistinta califica las inconformidades en ese cuerpo policial (un grupo de trabajadores dependiendo de su salario en los niveles inferiores de sus rangos, los superiores tienen otro tipo de “compensaciones”) anunciando sanciones, despidos, demandas contra los trabajadores-policías, tal y como lo está haciendo.

"Ni perdón ni olvido" dice Correa, decretando el estado de excepción.

Correa ha afirmado, literalmente, que “no habrá perdón ni olvido” para lo que de manera algo histriónica definió como “un intento de golpe de Estado”. La respuesta de Correa, aprovechando el envión que le ha dado el ejército, es la militarización del país, declarando el estado de Excepción al menos por una semana y complicando de esa manera las tensiones internas. En los antecedentes de la crisis, Correa había amenazado públicamente con la posibilidad de disolver el Congreso por el bloqueo a la ley de austeridad que alcanzó a las fuerzas policiales.

Si bien el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas ecuatorianas, General Ernesto González, ha apoyado incuestionablemente a Correa, simultáneamente ha hecho un patético llamado a reconsiderar los reclamos del pie de fuerza policial, agitado por la supuesta rebaja de beneficios y salarios de una reciente disposición de Correa.

Correa está demostrando contra este grupo de ecuatorianos inconformes, trabajadores-policías, tal vez desesperados por sus salarios, más bravuconadas y guaperías que las que demostró en su oportunidad con la violación de la soberanía del Ecuador orquestada por Uribe y el General Santos en el operativo contra el campamento de las FARC en territorio ecuatoriano. Mientras grita a los vientos y en los balcones: ¡“Ni perdón ni olvido!!” a estos sus compatriotas, confundidos, alzados, inconformes, lo que sea, tenemos que recordar que cuando asistió a la toma de posesión de Santos como nuevo presidente de Colombia, llamó a “seguir recorriendo este camino irreversible hacia la construcción de la patria grande”. Esto último es correcto, hay que aligerar tensiones y evitar conflictos y derramamientos de sangre. Pero mas cierto es con los connacionales, con los propios ecuatorianos.

En comparacion, las tropas colombianas, con apoyo logístico y político de EEUU, lesionaron la soberanía ecuatoriana, mientras que los policías sublevados reclamaban, in-de-bi-da-men-te, cierto), sus derechos básicos como ecuatorianos.

Con sus compatriotas, Correa debe primero resolver el problema de cómo construir su “patria chiquita” antes de ver cómo construir la “patria grande” al lado de líderes como el General Santos.

Más calidad de estadista, más calidad de negociador, mas esfuerzos de conciliación, más comprensión a las necesidades de su propio pueblo, mas respeto a los instrumentos democráticos, es lo que esperan los ecuatorianos, de su presidente.

Es lo mínimo que todos los pueblos esperamos de nuestros presidentes.

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