El Coloso del Zócalo de Mexico. Solamente estara alli por unas horas

En el Zócalo de México, en la noche del 15 de septiembre, en un espectáculo muy bien diseñado y planificado, se ha erigido entre la multitud presente (armado en dos partes, delante del público, con ayuda de poderosas grúas), “El Coloso”, un andromonumento de poliuretano y otros materiales, celebrando 200 años desde el Grito de Dolores y supuestamente simbolizando a los héroes anónimos de la independencia.

Sí, tiene figura andrógina, 20 metros de altura, 8 toneladas de peso, de aspecto duro, patillas largas, bigotes, entrecejo fruncido. El Plan es dejarlo en el Zócalo solamente por unas horas y no se sabe su destino final.

¿Cual es la lógica subyacente de esta especie de “instalación” erigida ante miles…para  desmontarse a escondidas? ¿Por qué un coloso aparece y desaparece?

Juan Carlos Canfield es el escultor responsable de la construcción de esta pieza que ha referido algunos indicios de su simbolismo: dejar la idea de la desolación después de la guerra, reflejado supuestamente por una espada rota en la mano izquierda.

Coincidentemente, el gobierno emitió un decreto reformando el orden de los colores de la banda presidencial, ya adoptado por el Presidente Calderón en este mismo acto. La banda lleva el color rojo encima, luego el blanco y abajo el verde. Hasta hoy, la regla era que el verde era el primero.

El mundo entero y en especial los países al sur de sus fronteras, estamos preocupados por el verdadero coloso mexicano, por ese pueblo líder no solamente en los procesos independentistas de nuestra región, sino en los procesos revolucionarios, especialmente los de base campesina y transformación agraria, los procesos de nacionalizaciones petroleras, logros que muy pocos países del sur de su frontera, han logrado concretizar.

Este coloso no debe ser erigido un día para  ser desmontado al día siguiente; si bien debe considerar su espada rota en el sentido de detener las guerras, las matanzas y las ejecuciones a las que le arrastra el narcocapitalismo de la droga, de las armas, de la trata de personas y del comercio sexual, no puede dar tregua en esa nueva lucha por una nueva independencia. Esas fuerzas son el nuevo poder opresor en México.

México tiene ya de hecho, las características de un Estado fallido, de haber sido penetrado por fuerzas extrañas a su naturaleza y de estar peligrando de ser arrastrado a mayores y anti humanas formas de barbarie.

Quizas el ceño fruncido de El Coloso del Zócalo refleje esa preocupación. Pero México debe seguir luchando para que, al contrario del simbolismo de la nueva banda presidencial, no permita, no deje que prive el rojo de la violencia y de la sangre sobre el verde y blanco de su bandera.

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