Los símbolos patrios también se construyen, deconstruyen y destruyen. La Constitucion es clara en la rigidez de su presentacion.

Interesante el análisis crítico de Onofre Guevara (http://www.elnuevodiario.com.ni/opinion/82899) en relación a lo que de manera definitivamente  imprecisa, denomina “sicología social” como forjadora de héroes y mitos de una colectividad, en el supuesto que “el pensamiento, el sentimiento y las emotividades colectivas crean mitos o iconos, bajo la influencia de fenómenos reales o ficticios”, etc., utilizando el caso de José Dolores Estrada como supuesto ícono forjador del patriotismo y la nacionalidad nicaragüenses.

Otros se han referido al caso de Andrés Castro, o al famoso “Montoya” que señala hacia no se sabe dónde en uno de sus monumentos y hasta el cuestionamiento de la existencia misma del Cacique Nicaragua, que nos aportó su nombre para nuestro gentilicio, de nuestros “próceres de la independencia” y más recientemente, el cuestionamiento de la figura de Rigoberto López Pérez como ícono patriótico.

Realmente, en referencia a la tesis sicológica de don Onofre, desde el punto de vista del análisis marxista, no es la sicología de las gentes las que generan los cuerpos de tradiciones que forjan una cierta identidad o sistema de códigos de pertenencia de un grupo, sino el cuerpo más terrenal y pragmático de los intereses de las clases sociales en juego, la búsqueda del fortalecimiento y perpetuidad del sistema de poder, al margen que lo sicológico va actuando a través del tejido básico construido bajos esos intereses de clase.

Para este tipo de análisis de hechos, de los que también me he estado refiriendo en algunas notas en Confidencial (http://www.confidencial.com.ni/articulo/1608/la-verdadera-fecha-de-la-independencia-de-nicaragua)y en mi blog (comenzando por el termino patriarcal “patria” en sustitución del “matria” (http://www.confidencial.com.ni/articulo/1466/muera-la-patria-viva-la-matria), me resulta útil el término de “tradiciones inventadas” (Eric Hobsbawm) referidas a esos cuerpos de relatos que deberían servir para mantener la cohesión de una colectividad, pero que incluso son obra simple y llana de la imaginación y/o perversidad de unos cuantos.

Las “tradiciones inventadas” de Hobsbawm, sin ambages, se refiere a una serie de tejidos de relatos, historias, asumidas unas veces desde el poder y transmitidas, inyectadas y trasfundidas entre las masas, un sistema de relatos generados con objetivos y fines político- ideológicos destinados a estructurar un sistema social o codificación de pertenencia a la colectividad, bajo los intereses de las clases o segmentos dominantes. Se pretende a través de ellas, construir un canal entre las generaciones pasadas y las futuras.

Otras veces, las “tradiciones inventadas” nacen como relatos contestatarios o al margen del sistema de poder. Estamos hablando en este último caso, de la mitología, las creencias, leyendas, que conforman la identidad propia de un grupo social, de una nación, que se van generando en el boca a boca generacional y a través de cierta práctica social.

Es curioso darse cuenta que algunas tradiciones inventadas (por ejemplo, el mito que el matrero y oportunista Gueguence nos representa como identidad desde el nivel personal hasta el nivel de conciencia colectiva) puede actuar muchas veces como parte de la ideología dominante, con su versión manipuladora sobre el colectivo o como reflejo de la dinámica popular que lo asume como propio. A veces, a nivel popular hablamos del “Gueguence que llevamos dentro”, en versiones incluso contestatarias a las oficiales o “tradicionales”.

El campo de investigación de estos temas es amplio, además de los casos mencionados de los héroes de la Batalla de San Jacinto o los próceres de la independencia, tenemos el de Rafaela Herrera (colombiana defendiendo en Nicaragua a la Corona española), el Cacique Nicaragua o Nicarao, y ciertamente, las propuestas de los “próceres” contemporáneos, que incluye “tradiciones retorcidas” como el famoso mural “histórico” frente al Estadio Nacional.

Lo que prueba que los héroes “nacionales” a veces se construyen, a veces se deconstruyen, a veces se destruyen. Y eso no es ninguna mórbida complicación sicológica, sino clara expresión de las necesidades de poder de las clases o los estamentos dominantes.