ETERNO RETORNO (PO-E-MA—A Marion)

by Carlos A. Lucas Aráuz on Tuesday, August 31, 2010

“El reloj de arena dicta en cada gránulo/el reflejo de cada instante perdido

-Yo.

 No más fuera y lejos de tí

después de eones y eones y eones

de andar

desde allá, donde una vez estuvimos

fundidos, juguetones,

¿recuerdas?

Yo como protón, tú como electrón

dando un sentido a nuestro movimiento

y creando algo nuevo

en nuestros espasmos

y hasta por ello mismo, separarnos

y perdernos por muchos, muchos eones.

Hasta el encuentro venturoso

en aquella célula atrevida,

nuestro lecho,

tú como mitocondria, yo como ribosoma;

te reconocí, brotando algo nuevo

para una célula

y por ello, separarnos

y perdernos por algunos eones.

Te encontré, pecesita de colores

“¡qué lindas escamas luces!

deja que impregne las aguas

para reproducir tu imagen al infinito!”

y así lograrlo todo y tener que separarnos

otros eones.

Más adelante, me sorprendió tu canto de la mañana

sonoro, claro, vibrante, insinuante.

Mis plumas se erizaron al reconocerte

desde aquella rama y te canté

en disposición de aceptar tu salto.

¡”Ven, pajarito feliz

Tómame, fecúndame en tus imágenes!”

Un nido venturoso, lo logramos

hasta tener que perdernos y esperar

unos eones, ¡unos cuantos eones nada más!

¡Tigra en celo, mi felina!

¡Qué duro batallar para conquistarte!

Lames mis heridas, ya acoplados de nuevo,

tersa tu piel, ronroneante,

nuca sujeta por mis dientes.

Nos separamos…(debo buscarte, debo encontrarte).

Unos pocos eones, muchos años apenas.

Y te divisé aquella vez en la gruta

piel desnuda, cabello suelto,

te olfateé desde lejos, primitiva

pero amante como siempre.

(Fue la primera vez que un hombre

le entregó una flor a una mujer

y dicen que ello demostró inteligencia).

Henchimos la tierra.

Unos siglos, sólo unos siglos.

En el baile, aquella noche

tú reinabas, yo te ví.

Escalé tu balcón, ventana abierta,

para encontrarte.

Nos amamos otra vez

hasta el infinito

y por ello mismo, nos separamos

unos pocos, un par de siglos.

En la fábrica me divisastes, tú obrera

como yo.

Harapientos, sudorosos,

tremolados.

Nos reconocimos al instante.

Un café, un silbido ¿lo recuerdas?

Mil ruidos de máquina, un despido

no acallaron nuestro placer

industrial, a borbollones.

Separados otra vez,

unos años, unos cuantos años

y te encontré desprevenida,

botas de hule, pelo suelto, pantalones.

¿Buscas algo? ¿Mides árboles? ¿Recuerdas algo?

Te seguí, te desnudé en el bosque

tú ronroneante, tersa tu piel

mis dientes en tu nuca,

te fecundé en el mar

pisé en silencio la noche

hasta tu alcoba

como antes, como siempre.

¡No más fuera y lejos de ti!

Después de siglos y siglos y siglos, eones,

hasta la nueva cita…

dime ya dónde será

porque tenemos que continuar

nuestros espasmos, engendrando el amor.

De nuevo, en unos años, pocos años,

pocos gránulos de tiempo

hasta llegar a tenerlos todos

en el puño.

Donde tu imagen y la mía

se fundan otra vez

sumergidas, comprimidas

y estallemos

para ser de nuevo, amantes.

Un protón y un electrón.

Para ser el amor.

——

©Carlos A. Lucas A.Septiembre, 2010.
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