A un muñeco de cera, supuesta copia idéntica de Don Juan Bosco, fundador de la orden religiosa de los Salesianos, se le ha añadido parte del antebrazo y la mano derecha reales, cercenados de su cadáver quién sabe cómo, ni cuándo, ni por quién y en una urna de cristal, se anda exhibiendo en 130 países del mundo, provocando la devoción de los creyentes, que se postran impactados ante el paso de estas partes cercenadas al cadáver del religioso.

No se sabe tampoco cual sería el impacto devocional si en vez del antebrazo, pues se le hubiera sacado la lengua, o el par de ojos, o la nariz, una planta del pie, un pedazo de posadera o cualquier otra salva sea la parte que se pudiese ocurrir. Al fin y al cabo, un santo es un santo y es de imaginar la misma devoción por la parte que sea si es de un cadáver tan respetable.

Pero la libertad de culto y de creencia es parte de los derechos humanos, por más descabelladas que algunas prácticas “inocentes” puedan parecer a otros. Hay por ejemplo, en Argentina, una Iglesia que adora a Maradona como encarnación divina y otros que en Estados Unidos hablan todos los días con el fallecido Rey del Pop Michael Jackson. Los mormones esperan una nave espacial que un día los venga a recoger y los musulmanes hombres se han reservado un cielo de 100 mil vírgenes para ellos, si mueren martirizados (las mujeres musulmanas por eso es difícil que se inmolen de la misma manera, pues por alguna causa el Profeta no les ha prometido un cielo de 100 mil mancebos para ellas).

Pero lo que en Nicaragua resulta descabellado es que a la llegada al aeropuerto de Managua, el sábado 24 de julio, de la urna de vidrio con ese muñeco de cera con un antebrazo y una mano de un cadáver embalsamado de 122 años al estilo del antiguo Egipto, el Estado en persona salió a recibir estos restos, con honores de Jefe de Estado, saludos militares del Presidente de la República, señor Ortega, la Jefa de la Policía Aminta Granera, del Jefe del Ejército General Avilés, etc., mientras la propia Conferencia Episcopal, la élite de la autoridad eclesiástica católica local, brillaba por su ausencia. Previendo la manipulación política del fervor religioso, los obispos nicaragüenses, se abstuvieron de llegar al aeropuerto.

De acuerdo al precepto constitucional, el Estado de Nicaragua, que abarca a ciudadanos con creencias de cualquier tipo o sin creencias de ningún tipo, es laico, no confesional. Pero estas acciones que incluyeron la presencia de la Primera Dama y el Ex Cardenal Obando, reflejan que estas fuerzas políticas en el aparato del Estado, se sirven de cualquier antebrazo o mano que sea, para sus fines prácticos. Acuden allí donde hay moloteras de gente, no importa que sea un irreverente grupo musical como el cabalístico “Calle 13” o los que veneran “instalaciones” de cera y carne humana embalsamada.

El poder es la religión verdadera.

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