Vista del pueblo minero de Bonanza

Tenía ya ocho días de estar en la región del Triángulo Minero de Nicaragua (Siuna, Rosita, Bonanza), prácticamente sin comer carne, porque es un bien escaso, caro y apreciado en la región. Me explicaron que no hay capacidad de procesamiento ni almacenaje, así que la carne que se pueda encontrar en el mercado de Bonanza, es fresquecita, todavía caliente. Pero hace ocho días que no se encontraba.

Me explica Joseph, el conductor de Bilwi asignado para este viaje, que usualmente las reses que se pueden sacrificar en el “rastro” municipal son animales ya viejos, improductivos, que no dan ni leche, ni se preñan, ni paren, padecen de alguna enfermedad o se han fracturado o golpeado en algún accidente. Muy rara vez son animales sanos. Una dieta exclusiva de arroz, yuca, plátano frito con gaseosa, tampoco es muy sana que se diga, así que una vez visto el plato de carne en la mesa, pues como que no importa mucho la historia de su origen.

Al salir temprano, pasamos por el mercado para comprar unos “capotes”, impermeables de hule de montaña para el viaje. Allí se nos acercó uno de los funcionarios del banco del pueblo con el que habíamos conversado en el hospedaje y nos dijo entusiasmado:

-Hoy va haber carne de res, más o menos en una hora me dijeron que entra! ¿Van a comprar, les encargo?

-¡Sí!, contestamos también entusiasmados, ¡apártenos unas 10 libras!, en un cálculo rápido para la semana.

Y salimos rumbo a la comunidad que teníamos que visitar. En este trayecto, uno tiene que pasar por el basurero del pueblo, ubicado junto a un río bastante ancho y allí miramos un pequeño tumulto de personas, incluidos dos uniformados que conversaban y anotaban las palabras de un señor mestizo, que gesticulaba y argumentaba al saber qué cosa. Pasamos de largo y por el espejo retrovisor pude apreciar que uno de los uniformados, con el señor, se adentraban en el basurero: los demás no les siguieron.

Hicimos las visitas a la comunidad, admirando como siempre esas cabelleras limpias, negras azabaches, lisas y brillantes de los mayangnas, varones y mujeres. Muchos dicen que eso se debe al uso de un aceite que extraen de un árbol que solamente ellos conocen. No lo creo, pues desde pequeños andan así sus cabelleras.

Al regresar y pasar de nuevo por el basurero, no había nadie en la carretera, pero alcanzamos a divisar, al mismo señor mestizo que gesticulaba  con  el uniformado y decidí detenerme a curiosear y de paso, conocer el basurero. Al ver que me le acercaba, me hizo señas que no entrase y vino en cambio, rápido hacia mí.

-No entre, me dijo, que aquí no es muy sano para ustedes de Managua!

-¿Por qué?, le contesté, si he estado en la Chureca de Managua, ya estoy graduado, sabe?

-Bueno, es cosa suya, yo sólo le digo, afirmó, algo malhumorado.

Pero me detuve junto a él, a medio tramo del trayecto y pude apreciar el basurero, exactamente a la orilla del río, de aguas raramente turbias. Mientras curioseaba, le pregunto: ¿Y tenía problemas ahora en la mañana? Es que lo miramos con unos policías.

 -No! Me dice. Bueno, sí! La verdad es que una de mis vacas entró por la noche al basurero a comer desperdicios y parece que luego tomó agua del río y en la madrugada ellos me avisaron que viera que hacía con el animal, tenía que reportar esa muerte de la vaca. No puedo reclamarle a nadie por esa muerte. La alcaldía no se hace cargo ¡y yo no podía perder!

 – Ok, un momento, su vaca se mete al basurero ¿y la Alcaldía es responsable que se haya muerto? No entiendo.

 -¡Ah!, ¡Es que es obligación de la Alcaldía asegurar un buen cerco para que no entren los animales! ¿No ve que todo esto está envenenado? Aquí viene la empresa minera a botar todos sus desperdicios y además, esas aguas bajan desde allá donde desaguan los desperdicios que usan en la sacada del oro, pues!

Y para mi asombro, el pequeño ganadero mestizo me explica que desde hace años este río, antes Bambana (143 km), es conocido ahora como Río Arsénico, altamente contaminado por las aguas de desecho de la mina del pueblo, que usa ese producto altamente tóxico, para  luego verterlo de vuelta al cauce original, sin reparo de ningún tipo.

 Y me dice el señor:

-Es el arsénico el que ha hecho que en esas aguas no sobreviva ningún tipo de pez o camarón de río. Bueno, hay solamente un “pescado”  que se mueve allí sin problemas. Antes no había de esos pescados; es negro, cabeza muy ancha, ojotes salidos de viaje, feo! ¡Nadie se lo puede comer, porque de todas formas, hace mucho que nadie come nada de ese río! ¡Apareció de pronto y más bien la gente le tiene miedo hasta de verlo!

 E intrigado, le pregunto: ¿Y qué hizo con su vaca?

 -Pues como la Alcaldía no me la va a pagar, la policía me autorizó a destazarla y venderla en el pueblo y eso hice: ¡hay carne en el pueblo!

 -¡!Cómo?! contestamos el conductor y yo. La vaca murió aquí envenenada..¿ y ustedes la destazan y la venden como si nada?

 Allí el señor me miró con cara disgustada:-Y cómo cree que recupero el valor de mi vaca? Ni la Alcaldía ni la empresa me la pagan, no es la primera vez. Yo no puedo perder! Además, usted ¿qué tiene que ver?

Y diciendo “Nos vemos, señor!” comienza alejarse con esa misma cara tensa.

Presa de cola Bonanza. Notese los residuos de barriles de cianuro en el agua del río.

En el pueblo, tuve que pagar la carne encargada, pero le dijimos al señor por qué no la retirábamos. El pulpero, casi con el mismo tono del señor mestizo, nos dijo:- Bueno, es cosa suya!, tomando rápidamente y sin contar, el dinero.

 En realidad, la cena de ese y los demás días, con arroz, yuca, wabul calientito y tajadas fritas de plátano, nos supo deliciosa y suculenta.

Tal vez tan deliciosa y suculenta como han  sentido sus miles y miles de cenas en sus hogares y restaurantes, los empresarios usaamericanos y canadienses que en sus países exigen certificados de origen y de trazabilidad para asegurarse que sus alimentos no provienen de las mismas tristes, abandonadas y empobrecidas zonas donde ellos tiene sus minas de oro y plata.

Y donde sigue circulando, ¡oh maravilla de la naturaleza y la sociedad!, el inagotable Río Arsénico.

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