Era un señor entrecano que abordó el taxi bien apresurado, ni rebaja pidió. Se miraba muy alterado, aunque casi no habló en el trayecto, cosa rara en los pasajeros de estos taxis colectivos de Managua, donde el taxista hace una rápida obra de arte en el diseño óptimo del trayecto más rápido, al menor costo, con el mayor número de pasajeros posibles y a  medida que va reclutando a su clientela, y conversando de todo.

Habló unas cuantas cosas y de inmediato nos  dimos cuenta que era cura (claro, andaba de civil pero llevaba su blanco collarino) y refirió que iba de regreso a su pueblo, en el departamento de Carazo, necesitaba tomar el ultimo microbús frente a la UCA. Suerte, yo también iba para la misma parada, pero rumbo a León. Llegamos justo a tiempo para que lo tomase, pagó rápidamente al taxista, recogió sus cosas, unos maletines, un bolso y de inmediato corrió a subirse al micro que salía.

Lo logró, pero en la carrera, botó un sobre amarillo, de esos de manila; corrí a recogérselo, pero ya era tarde, el microbús había arrancado a toda velocidad. Ni el chofer ni el ayudante escucharon mis gritos y chiflidos, hay allí una tremolina de buses urbanos, vendedores de cualquier cosa, ayudantes gritones llamando a abordar el último que sale para Granada, para León, para Masaya, con un dramatismo como que fuera el fin del mundo.

Tuve que llevarme el sobre a casa y allí decidí abrirlo para ver si habían datos de cómo devolvérselo. Habían dos cartas, una hecha a máquina, al viejo estilo, visible porque al marcar la letra”o” lo que quedaba era un hueco. La otra carta, hecha a mano en un papel de cuaderno universitario, muy estrujada como que había sido leída muchas veces, en una letra caligrafiada muy exquisita, de ese estilo que hasta un día de sinceridad conmigo mismo quise tener, renunciando a ese esfuerzo imposible de dibujar trazos precisos y firmes.

No creo cometer infidencia si las publico, porque es un asunto que nos concierne a todos y que por ellas mismas, ambas cartas explican. Me asombra cuánto drama e intensidad pueden quedar registrados en unas cuantas líneas como éstas.

Aquí se las dejo, para que puedan conocerlas, ponerse cerca de las situaciones que reflejan y formarse un criterio sobre su contenido.

Comunidad de__ Carazo xx/xx/xxxx

Mi estimado y reverendo, Señor Obispo  Méndez:

En el nombre del Señor, le saludo y espero que su Gracia lo acompañe como siempre, en comunidad con todos nuestros hermanos, diáconos y fieles.

Le escribo para, en secreto de confesión y solicitándole su bendición y la respectiva extensión de la penitencia por mis pecados, comunicarle mi decisión sobre el caso de la niña N. de lo cual usted ya está enterado, que ha sucedido en la parroquia inmerecidamente a mi cargo. Como sabe, la niña de trece años fue víctima de abusos y violación por un cercano y joven pariente, tendrá unos 20-22 años, de lo cual la niña resultó embarazada al término, provocando el revuelo y escándalo que usted ya conoce.

He estado muy cerca y de acuerdo a sus instrucciones, de este caso, en comunión con los padres de la niña, fieles y activos miembros de nuestra parroquia y demás familiares cercanos. Ellos son los que iniciaron conmigo las obras de construcción de la ermita que es nuestro orgullo, así como muy entusiastas promotores y activistas de nuestras kermess y colectas. He orado con todos los miembros de esta familia y he compartido con ellos la Palabra, para pedirle a nuestro Señor, fortaleza, sabiduría, claridad, paciencia, perdón y sentido de resurrección.

Igualmente, junto con la madre y el padre de la niña, hemos conversado y orado con ella, con la niña, sorprendiéndome por su buen juicio, serenidad, apego a la Palabra y fe en la petición de ayuda y socorro de Nuestro Señor. Sus profesores me han confiado su admiración por las excelentes notas y rendimientos de la niña N, su liderazgo escolar desde que inició en tercer grado en nuestra escuela parroquial y su amor por la lectura. Como usted ve, son rasgos no muy comunes en nuestras actuales generaciones.

Para serle breve al respecto, y reiterándole esto en secreto de confesión, le comunico que he decidido no oponerme ni condenar la decisión que hace un par de días han tomado los padres de la niña y ella misma, de proceder de inmediato a una interrupción del embarazo. Esta decisión la he tomado después de unos ejercicios de ayuno y reflexión en los cuales pedí al Señor Su guía y luz, que volviera ante este humilde obrero de sus vendimias, Su vista Misericordiosa.

No creo necesario extenderme en las consideraciones, pero tengo que confesarle que buena parte de la motivación y la fuerza para tomarla, es que la señora madre de la niña, también en secreto de confesión, llorando, me enseñó una carta que la niña N. le escribió durante toda la noche de ayer cuando su señora madre le estaba argumentando la necesidad y conveniencia de seguir adelante con su embarazo, de contar con su apoyo para darle al niño por nacer la protección y el amor necesarios. La señora madre sin embargo, me confió que a ella misma le resultaba difícil amar a un nieto producto de un acto de violencia y venganza que se ensañaron en su única y amada hija.

Con permiso de la señora, le remito a usted una copia de la carta que con lágrimas en mis ojos, me obligó a tomar una decisión aparentemente en contra de las líneas e instrucciones de la Santa Madre Iglesia, por lo cual me arrodillo ante usted, le pido su perdón y penitencia y tome las medidas que crea necesarias en mi caso. Soy un ciervo del Señor y en cualquier parte que llegue, mi honra es ponerme a sus servicios.

Con mis respetos y consideraciones, reciba usted un saludo y la seguridad que siempre lo tengo presente en mis oraciones y ruegos,

Atte.

Padre Federico

Pàrroco Comunidad de::::

Aquí la carta en referencia:

A mi mama linda y querida, de su angelito de alas doradas:

Que por qué no lo quiero parir? Te lo voy a explicar despacio, mamá, pero brevemente, poneme atención, porque tengo tres días sin dormir pensando en lo  que tengo que hacer. Te he oído a vos y a mi papa, a mi abuela. También al Padre Federico. A la sicóloga de la Policía, a la Directora de mi escuela, a mi mejor amiga Regina, a mis tías, a la profesora Thelma.

  1. Tengo apenas 13 años, soy una niña todavía físicamente no madurada para el proceso de embarazo, lo cual hará que se me haga especialmente difícil. No quiero pasar por nada de eso. Sencillamente no estoy preparada para parir.
  2. En términos sicológicos, no puedo razonar hacia la maternidad ni aceptarla, cuando todavía necesito la protección y la formación de vos, mi propia madre, no estoy apta para formar, proteger,  y preparar a otro ser humano, al menos por ahora, en esta edad. Ponete a pensar que cuando yo tenga apenas 26 años, mi hija o hijo tendrá 13 años, mi edad actual!
  3. Apenas estoy terminando el sexto grado. El embarazo y el cuidado de un niño, a mi edad, me cortará la oportunidad de seguir estudiando. Yo quería llegar a sacar un titulo universitario en Turismo, porque  sueño con viajar, conocer otros países y luego venir a trabajar mostrando el mío. Nada de eso es posible si tengo un niño a mi edad. Quiero estudiar y prepararme!
  4. Tener un niño me obliga a trabajar para mantenerme a mi y al niño;¿De qué puedo trabajar yo, que no sé hacer nada aun, más que ayudarte y de mala gana,¿ verdad? en los oficios de la casa? Apenas he aprendido lo elemental de matemáticas, español, ciencias, al sexto grado. No estoy laboralmente preparada.
  5. ¿Cuánto puedo ganar para asegurar alimentos, medicinas, vitaminas, vestidos, pañales, pago más adelante de escuelas, uniformes, juguetes? No lo voy a poder hacer, cuando tampoco puedo ir muy largo de mi comunidad, sola, a buscar trabajo, porque aquí en el pueblo no hay opciones de empleo.¿ Qué me puede esperar llegar a mis trece años, sola y cargando un bebé a la capital, buscando trabajo dónde, de qué y con quién? Si encuentro una ocupación en un país que paga tan bajos salarios, voy a pasar igualmente, estrecheces, no va a ser suficiente. Ni que vos me digas que ustedes me van ayudar, porque seria obligarlos a su edad a tener un hijo mas, ustedes se tendrían que hacer cargo y tampoco es justo.
  6. En lo personal tampoco tendría muchas opciones para encontrarme a un muchacho que pueda enamorarse de mí y hacerse cargo a la vez de un niño ajeno ya bastante crecidito. ¿Te imaginás cuando yo tenga edad de casarme, que pueda ser fácil que otro muchacho más o menos de mi edad pueda y quiera hacerse cargo de un niño ajeno, que además nunca tendrá un padre verdadero? No creo pueda encontrarme opciones como las de mis amigas de mi edad. El amar y ser amada será mas difícil para mí.

En resumen, quiero crecer y desarrollarme físicamente sana, fuerte; quiero madurar sicológicamente para poder tomar mis propias decisiones con conocimiento y responsabilidad, de mi voluntad; quiero concluir mi sexto grado, entrar al instituto, luego a la universidad, sacar mi título, viajar unos 2-3 años estudiando y sacando alguna especialidad, regresar a mi país y trabajar en lo que me gusta, ganar bien, establecerme, ahorrar y tal vez luego de unos años, tomar mi decisión planificada, de tener hijos, tal vez uno o dos, para darles lo mejor. Y cuidar de ustedes, además.

¿Que sólo soy una niña de trece años y que no sé lo que digo? Pues por tener trece años, sé lo que digo de mis trece años. No puedo pensar como si tuviera 25 o 30 años. Son decisiones que tienen que ver con mis trece años actuales y no con mis edades futuras. Soy una niña pensando como una niña, con ilusiones, sueños y planes.

No decidí que me sucediera esto, ni siquiera. Hasta en eso fui obligada, forzada. No pueden obligarme de nuevo ustedes, es una continuación del abuso de mi vulnerabilidad. No voy a continuar con este embarazo, lo cual me causa un profundo dolor pues lo que llevo en el vientre también fué obligado a venir, y ahora a irse. Pero no lo puedo yo tampoco forzar a venir a la vida que me miraría obligada a darle, al no poder hacer nada más. En mis futuros hijos veré el rostro de éste que no nacerá. Eso es mejor que ver en este hijo, para siempre y a pesar que pueda llegar a amarle, el rostro de la fuerza a la que fui sometida, el rostro del abuso y la prueba de mi impotencia para enfrentarlo.

Voy a hacerlo, mamá, necesito interrumpir este embarazo. Esto es duro para mí y de hecho ya nada puede ser igual; ya estoy herida de algo que nunca va a cicatrizar. Solamente es un acto de justicia para mí, para ese bebé que tiene derecho a no ser forzado a nacer en estas circunstancias y es un acto también de justicia contra el abuso al que fui sometida.

Quiero que hagas el esfuerzo de verme de nuevo como tu hijita, tu niña bonita, inteligente, alegre, animosa que tu amas, tu amgelito de alas doradas, como me decias mas pequeña. Que no mires en mí esas heridas, que me ayudes a superar esto, que lo hagamos juntas, porque me amas y te amo, que no me obligues a hacer algo que me hará mas daño del que ya me han hecho. Que piensen que si no interrumpo el embarazo, seremos dos seres los dañados y no sólo yo.

Te amo,mamá,

Yoly

Hasta aquí las dos cartas. Confieso que también añadí mis lágrimas de impresión al leerlas. Pero estaba claro el nombre del cura y de su comunidad. Decidí cerrar el sobre de nuevo, le puse los datos: Padre Federico, comunidad tal, Carazo y lo puse temprano, al día siguiente en Telcor de León, junto al Parque Central.

Cuando salía de Telcor y caminaba rumbo a Catedral para buscar allí un taxi hacia los interlocales, oí una llamada clara: “Yoli,Yoli”. Era una señora que corría a darle una bolsa de frutas a una jovencita muy bien parecida, de anteojitos, uniforme escolar, acompañada de otras dos amiguitas de su edad. La señora le dió un beso a la niña, ella dijo, “gracias, mamá” y sonriendo y bromeando con sus amiguitas, se alejó alegre y contenta rumbo a una escuela cercana.

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