Monumento alusivo al Flautista que dejó sin niñez a Hamelin

Todos los domingos en la ciudad de Hamelin, en el norte de Alemania, junto al Río Weser, de calles empedradas y bellos edificios con entramados de madera de la época renacentista, y en especial en la Osterstrasse, su calle principal, se hacen representaciones para los turistas, del cuento de los Hermanos Grimm “El Flautista de Hamelin” en el que se refiere cómo en una fecha remota (26 de junio de 1284), la ciudad de repente fue víctima de un ataque de ratas de todos los tamaños y pelaje.

La plaga era insoportable, cuando de repente apareció ante las autoridades, un extraño sujeto, colgada una flauta al pecho, y del cuello un pañuelo rojo, negro y amarillo, que ofreció, a cambio de una buena paga, eliminar ese problema de las ratas y los ratones. El trato fue hecho, el extraño empezó a ejecutar melodiosas notas que hicieron estremecer las casas del pueblo al salir de todas sus madrigueras, todas las ratas, especies, tribus y familias de ratas. Así el liberador las condujo al rio, las hizo lanzarse y ahogarse.

Pero al volver, el liberador exigió su paga, un precio altísimo para el pueblo y para el alcalde. El liberador no trabajaba gratis, cobraba por sus servicios de liberación. Pero pagarle esa suma equivalía a casi el mismo efecto de haber perecido a causa de las ratas. Y el alcalde, viendo la paz que se gozaba, satisfecho el pueblo, muertas las ratas, le dijo al Flautista Liberador que se conformara con menos.

Esto enfureció al sujeto quien en venganza, empezó a entonar una nueva y bella melodía que sólo los niños y jóvenes de Hamelin podían escuchar y apreciar, siguiendo en esas notas las promesas de un Nuevo Mundo mientras el Flautista los sacaba del pueblo en una marcha que nadie podía impedir, hasta desaparecer al adentrarse en una lejana montaña. No regresaron jamás.

Hamelin se quedó sin ratas ni ratones, pero al enorme precio de quedarse también sin niñez y juventud, por la furia y la ambición del Flautista Liberador. Y es que a veces ciertos liberadores cobran muy caro por sus servicios.

Perder la niñez y adolescencia

En Nicaragua, después de Somoza, han habido dos grandes momentos en los que la población ha tenido que sacrificar lo mejor de las jóvenes generaciones; la primera, cuando a los cantos sibilinos de la Dirección Nacional del FSLN y del Directorio de la Contra, fueron obligadas a cortar su desarrollo, suspender sus estudios, separarse de sus familias y adentrarse en las montañas y a la guerra en busca de un Nuevo Mundo. Muchos de ellos no regresaron y el Nuevo Mundo sigue siendo un misterio insondable.

El otro momento es el actual, cuando el conflicto entre el pueblo y el Flautista Liberador se refleja en el modelo económico vigente que pretende, y en el menor plazo de tiempo posible, extraer ganancias simultáneamente, para los inversionistas extranjeros (que se llevan a sus países las ganancias, sin reinvertir), para los antiguos y ya establecidos grandes y fuertes empresarios (sindicalizados en el COSEP, principalmente), para la casta burocrática que hace del Estado su almácigo de acumulación originaria de capital, para la periferia de allegados que buscan una recompensa por 17 años de estar soplando y resoplando la flauta y si queda algo al final, para las obras sociales que como mínima inversión, aseguren el máximo apoyo electoral al Flautista Liberador.

En este modelo, el precio que hay que pagar es tan caro como el que golpeó a Hamelin: se hace a costa del sacrificio de oportunidades y bienestar de las capas de nuestra niñez y adolescencia, que sin la adecuada educación, salud, vivienda, servicios básicos, nutrición, son obligados a salir de sus casas, literalmente y dejarse atrás a sí mismos.

¿Tenemos alguna oportunidad en este modelo económico?

La Coordinadora Civil y el economista Adolfo Acevedo, creen que sí, pero que se deben de tomar YA, urgente medidas en lo que los expertos denominan “Bono Demográfico”, que se refiere al cambio en la estructura de edad que tendencialmente, hacen que en Nicaragua crezcan en volumen los estratos mayores de 15 años y menores de 64, intervalo que los economistas llaman Población en edad de trabajar o económicamente productivos.

Las personas económicamente productivas, deben sostener a los menores de 15 años y mayores de 64, si estos últimos no han ahorrado para autosostenerse o la pensión del Seguro Social es insuficiente.

Podemos ver estas transiciones demográficas en el cuadro adjunto, con cifras reales del 2005 y proyectadas para los años siguientes, presentadas por el economista Adolfo Acevedo, que aquí resumimos:

Nicaragua.Bono Demografico en las próximas décadas

Estadísticas anteriores muestran que en 1990, esta población “productiva” era el 51% de la población total y un 46% tenía menos de 15 años. Es decir, una estructura de muchos niños y dependientes. Una carga pesada. Sin embargo, para 2005, esta estructura ya había variado, pues los niños menores de 15 años representaban el 38% de la población y la población “productiva” subía al 58%. Las proyecciones señalan que para estos años, 2010 en adelante, la población en edad laboral crecerá hasta llegar a un 63% en 2015 y hasta 66% en 2030, respecto a la población total.

Esta proporción de gente joven, con capacidad y necesidad de trabajo y menos cargas para mantener a población dependiente, es la acumulación de una fuerza poderosa con la cual el país podría contar para dar un “salto adelante”. Es decir, tenemos la ventaja de que nuestro ejército laboral crece, cuando los dependientes menores de 15 años tienden a disminuir en proporción. Los que trabajen podrán entonces gastar más en el bienestar y educación de sus hijos, produciendo generaciones más fuertes, mejor cuidadas, con mejor educación que las anteriores y así sucesivamente, lo que perfila el “salto adelante” hacia el desarrollo.

Se afirma que buena parte del crecimiento acelerado de los países asiáticos se explica por el aprovechamiento, en su oportunidad, del bono demográfico producto de menores tasas de fecundidad, masivos programas de salud, especialmente inmunizaciones y desparasitaciones, intensos programas para elevar la escolaridad de niños, niñas y adolescentes, ordenados programas de inversiones para generación de empleos, gobernabilidad.

Pero en nuestro caso, el modelo económico no genera masa de empleos ni demanda de mano de obra de alta calificación, dedicado como está desde hace muchas décadas, a producir café, arroz, ganado de carne y leche, maní, sembrar de zonas francas el país (atraídos por los bajos salarios legales y el control sindical) y atender unos cuantos turistas que se atreven a la aventura de visitarnos (recordar a los turistas huyendo de los morterazos y piedras contra uno de “nuestros mejores hoteles”). Un modelo que en el sector de la construcción, por ejemplo, solamente se dedica a darle mantenimiento a calles, puentes y carreteras y en minería autoriza actividades de cielo abierto, etc.

Somos un país donde el 70% del empleo se genera en el sector informal de la economía y apenas un 20% de la población laboral cotiza al Seguro Social. Si estas tendencias no se corrigen, el bono demográfico se revertirá en unos 30-40 años, encontrándonos que nuestros actuales niños habrán envejecido, no habrían encontrado buenos empleos, ni podrían haber ahorrado para su vejez, no habrán podido sacar de la pobreza a sus familias y por lo tanto, estarían dependiendo de una población productiva proporcionalmente menor, que a la vez, deberá sostener a las futuras tandas de niños y adolescentes que siguen creciendo. Para el 2020, el Seguro Social de Nicaragua comenzara a operar con déficit. No es un buen panorama, a menos que el gobierno oyera recomendaciones de grupos de presión ciudadana como la Coordinadora.Un centro neurálgico de las posibles soluciones, es el tema de la educación.

No hay revolución de ningún tipo sin Educación

Desde décadas atrás, estamos acostumbrados a escuchar de Revolución, de Izquierdas, de Comandantes sandinistas, de imperio, imperialismo, solidaridad, cristianismo, socialismo, neoliberalismo, comunismo, etc., mientras la situación objetiva hace que en las últimas 5 décadas hemos estado girando en el supuesto círculo vicioso de la pobreza-baja educación-pobreza, aparentemente sin solución más allá de las proclamas y los discursos políticos o ideológicos. La realidad es que en Nicaragua, menos del 1% de la población de 15 años o más tienen formación técnica (hay evidencia que este es uno de los segmentos más susceptibles a la migración), que se invierte un promedio de cerca del 3% del PIB en la Educación, que solamente un 16% de la población mayor de 15 años puede completar su secundaria y que hay grandes inequidades en el modelo educativo actual. Los pobres tienen cada vez menos opción de salir de la pobreza, por causa de su poco, incompleto o nulo acceso a opciones educativas.

Nuestro país demanda hechos y avances y no discursos ideológicos de uno u otro tono político. La ventaja es que esta discusión sobre el círculo vicioso entre pobreza y educación ya está resuelto en términos prácticos: El Banco Mundial, al aprobar los Objetivos del Milenio, señaló que la educación pertinente y de calidad, es un factor de lucha contra la pobreza. Es decir, tenemos que capitalizar a nuestra fuerza laboral, para salir de la pobreza. Lo característico de nuestro atraso es cuando un graduado con estudios completados y avanzados para cada nivel de posible empleo, no encuentra trabajo, y cuando un joven tiene que hacerse de una ocupación, aun cuando no haya completado ni avanzado en su educación.

Una de las propuestas centrales contra el Síndrome del Flautista de Hamelin, ya presentadas por la Coordinadora Civil, es elevar del 3% al 7% del PIB la inversión educativa. Esto debe ir acompañado de una verdadera revolución educativa, la única que debería contar con el consenso de toda la sociedad y de todas las fuerzas políticas, a fin de tener un modelo educativo pertinente, equitativo, incluyente, no discriminativo, articulado entre subsistemas, enfocado al desarrollo humano, científico y humanista.

Niñez sin igualdad de oportunidades. la miseria reproduce a la miseria.

El padre y la madre desempleados o sumidos en los empleos informales, la prole creciendo, la vida encareciéndose, es el panorama que hace que algunos mayorcitos de 10-14 años de las familias pobres, niños o niñas, tomen la decisión o sean obligados, a buscar por sí mismos el sustento. Esos estratos abandonan escuelas, colegios, centros escolares, suspenden su educación y quedan condenados a optar por las opciones de ocupación de menos demanda de conocimientos y habilidades, hundiéndose en la pobreza y arrastrando a sus familias. Las alternativas son mayormente en las zonas francas, el empleo informal, la mendicidad, el delito o la migración.

Son las “montañas” que tragan, gracias a la demanda de riquezas del Flautista Liberador, nuestro modelo económico-político, a nuestros niños, niñas y adolescentes de sus hogares. Demuestran la urgencia de esa Revolución Educativa, que se inicia con una simple decisión presupuestaria. No debemos dejar perder a nuestra niñez y adolescencia, a pesar de los feroces reclamos del Flaustita Liberador.

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