Se ha dicho que hubo verdaderas revoluciones socialistas en el siglo 19 y 20, en diversas latitudes de Europa, Asia, África, América Latina, en las que se cambió radicalmente el régimen de propiedad y usufructo de las riquezas, trastocando el orden mediante el cual una minoría capitalista-terrateniente acumulaba y acumulaba a costa del trabajo y el sudor ajenos, fundamentalmente de obreros, campesinos, artesanos pobres, etnias oprimidas.

Esa revolución socialista habría transformado a las antiguas clases oprimidas en el capitalismo, en clases dominantes en el socialismo. Por el momento no vamos a valorar la validez de esta afirmación, sino que vamos a partir aceptando de previo esa premisa, es decir, partiendo del supuesto que realmente en esas latitudes y momentos, emergieron sistemas socialistas de producción que a su vez significaron revoluciones políticas y sociales radicales.

El asunto que queremos abordar es el siguiente, con la intención que este análisis nos sirva para sacar las debidas conclusiones en el caso específico de Nicaragua: ¿Cómo es que los antiguos países socialistas, como Rusia, Alemania Oriental, Bulgaria, Albania, Polonia, la misma China, Cuba, etc., donde se suprimió a profundidad la propiedad privada, países donde la economía fue totalmente estatizada, donde desaparecieron los bancos privados, los terratenientes, los burgueses, los explotadores, en los cuales se nacionalizaron tierras, fábricas, haciendas, enclaves, donde se nacionalizó y se expandió la salud, la educación, el mercado exterior, la generación eléctrica, las comunicaciones, la minería, etc. todo un proceso de arrancar de raíz las fuerzas y mecanismos del capitalismo en todos los órdenes de la vida nacional…terminaron en un fracaso en tanto modelos socialistas, revirtiendo, en unos casos a la velocidad de la luz, en otros un poco mas lentos, el antiguo orden de cosas? ¿Cómo es que el capitalismo surge del socialismo en estos casos, a “contrapelo” de la doctrina de la luchas de clase, que supone la secuencia histórica contraria?

Los esquemas capitalistas, la propiedad privada sobre los medios de producción, sobre los medios de comunicación, de los medios de cultura, así como específicamente, los capitalistas, los burgueses, terratenientes y explotadores, resurgieron como de la nada, de esas cenizas de los países socializados, de nuevo, ¿Cómo puede ser, si habían sido desaparecidos, liquidados, terminados? ¿Será que el capitalismo sobrevive aun cuando no haya capital? ¿De dónde salieron esas fuerzas de restauración del capitalismo de entre los escombros de los llamados países socialistas? ¿Será que el capitalismo pudo encontrar algún escondite estratégico, no obstante esas transformaciones radicales de “abajo la propiedad privada” , desde el cual de repente emboscó y asesinó, al socialismo? ¿Cuál es ese escondite estratégico de esas fuerzas anti socialistas?

¿Cómo sobrevivió el capitalismo en medio de la fase socialista?

Es simple. Las clases propietarias dominantes en el capitalismo, la burguesía y los terratenientes son dueños de grandes empresas, fabricas, máquinas, herramientas, campos de cultivo, haciendas, lecherías, plantaciones, bodegas, medios de transporte, comunicaciones. Todos ellos son expropiados, confiscados u obligados a venderle, en el mejor de los casos, al Estado Socialista, esos medios de producción y distribución de riquezas. El Estado Socialista pasa de inmediato a organizar el uso de esos medios de producción bajo la nueva lógica de la organización social del trabajo. Los obreros asalariados del antiguo burgués o terrateniente desalmado y “neoliberal” en el argot de avanzada en Nicaragua, pasan a ser obreros asalariados y emplanillados del nuevo dueño, el Estado Socialista. ¡Viva! ¡Han desaparecido la burguesía y el terrateniente!

Pero, desafortunadamente, aun no ha desaparecido el régimen del trabajo asalariado mediante el cual el obrero, sigue siendo, obrero. El único cambio visible en las relaciones sociales de producción, es que ya no hay unos varios cienes o unos pocos miles cuando mucho, de burgueses y terratenientes. Y aquí sucede un fenómeno interesantísimo, que lo estamos viendo en vivo y directo, en Nicaragua, como de alguna manera señalaba el ex miembro de la Dirección Nacional del FSLN, Comandante Henry Ruiz en una reciente entrevista televisiva.

Y es que el Estado Socialista concentra en sus manos literalmente toda la riqueza nacional generada y a redistribuirse. Bueno, las manos del Estado Socialista, una categoría algo etérea, se hacen entidades encarnadas en los lideres, dirigentes, comisarios políticos, camaradas, dirigentes de partidos, sindicatos, barrios, fabricas, haciendas, fincas, los Illuminatti mesiánicos, dueños de las tablas de la ley, que se van a encargar, literalmente, de guiar al pueblo trabajador , desde el desierto, a la tierra prometida, donde los ríos destilan leche y miel.

Toda la riqueza generada por el trabajo humano, llega y pasa por esas revolucionarias manos, llenas de poder y de gloria (“Dirección Nacional, ordene””…”El comandante hasta sabe vacunar”). Los dirigentes del cambio “revolucionario” del capitalismo al socialismo, la vanguardia que se encarga de llevar a cabo las nacionalizaciones, las confiscaciones, los decretos, las leyes, las disposiciones, los mandos, las órdenes, las vociferaciones, las exclusiones discrecionales, los paredones, la guerra, las batallas, las represiones (la lucha “contra la contrarrevolución” , dice Ortega en Nicaragua), erigen su poder en una montaña de riquezas, poder y consenso que ningún capitalista monopolista haya soñado o deseado jamás. Ni Bill Gates con sus empresas de Microsoft .

En el capitalismo, ningún grupo de personas, ni clan, ni tribu social, ni líderes, ni dirigentes, ni caudillos, ni empresarios, ha llegado ni pueden llegar a acumular tanto poder sobre las riquezas y las personas, como el de una sociedad en revolución, dirigida por un puñado de “elegidos por la historia” para este papel, con el Estado Socialista (o el “Estado de los Pobres” en Nicaragua) como herramienta de poder y consenso. Las riquezas en el Estado Socialista son todas las del país y de sus actividades económicas. Los productos y ganancias que se generan, las inversiones que se realizan. Todo el país se convierte en un solo aparato generador de riquezas. Ya la producción de riquezas no está dividida en feudos de capital, en grupos familiares, en oligopolios. ¡Que felicidad! Pero la riqueza en realidad sufre un proceso de concentración, de monopolización en manos del Estado.

El Estado deviene en el Gran Empleador, en un Burgués inmenso y panzón, en el usufructuario de todo trabajo asalariado en el país. Con una particularidad: este burgués inmenso y panzón está conformado como esas folclóricas muñecas rusas, las matruiskas, en pequeños feudos en los que se va conformando todo el sistema “socialista”, donde uno contiene al anterior.

El poder político heredado, producto de la derrota política de los sectores capitalistas, les da a los sectores emergentes, a la clase revolucionaria dirigente, los mecanismos para suprimir leyes y decretar nuevas, de acuerdo a la lógica de la dirección “revolucionaria”.

El consenso, pasivo, es una especie de fondo de garantía, normalmente de largo plazo, que extienden las masas a ciertas dirigencias, lo que dificulta que los sectores trabajadores, populares, marginados, puedan discernir a tiempo qué medidas les favorecen y cuáles le perjudican. El consenso pasivo adormece la vigilancia y el control. Mientras, la “inteligencia revolucionaria” avanza rápidamente en su proyecto de control social, cualquier fenómeno que ponga en entredicho ese consenso debe ser rápida y firmemente neutralizado, controlado, reprimido. Cuídese la crítica contra esa acumulación privada de riquezas, contra ese poder, contra ese consenso. ¡Cuídese en primer lugar la radio, la televisión, los periódicos, los boletines, el correo electrónico, el Internet, los sindicatos! “Todos somos iguales ante la ley, pero habemos unos más iguales que otros” .

La Seguridad del Estado es centinela de los sueños socialistas de los desposeídos, los ojos y oídos de la revolución. Pero también, se materializa en Ministros de Seguridad, Comisarios, agentes, espías, contraespías, que comen, duermen, viven en casas, andan en carros, tienen hijos que mantener, esposas o amantes que halagar, manjares que probar, enemigos personales de los que librarse, amigos que favorecer. El poder político que permite hacer prisioneros, torturar, amenazar, golpear, violar, asesinar, sin consecuencias ni control ni responsabilidades personales, es embriagante y causa adicción en los más fieles y eficientes para la causa de la dirección socialista.

La “gerencia” de la revolución

Y quienes manejan, controlan, deciden sobre esas riquezas y ese poder, ese consenso pasivo, son los dirigentes “revolucionarios” que cual Moisés, conducen a través del desierto, al pueblo, hacia la Tierra Prometida (recuerden que pueden ser 40 años de desierto antes de La Utopía). Ellos bajaron de la montaña con las tablas de la Ley en sus manos. Han estado en contacto con el Futuro y su trabajo es materializarlo aquí y ahora. No importa que tengan que hacer beber al pueblo el oro hirviendo de toda la riqueza material generada, para que esa masa popular entienda que solamente hay una dirección, una obediencia, una ruta que seguir. Obediencia. Silencio. Disciplina. Silencio. Orden. Silencio. Sacrificio. Silencio. No cabe en la ruta hacia la tierra de leche y miel, ningún disenso o desacuerdo. No vale ser reinvindicacionista. El Futuro es más poderoso que eso. Es para poseer el Poder. El Silencio y la Disciplina es un dogma de fe.

El pueblo se turba, se masifica, se lumpeniza. Puede tomar morteros y dispararlos fríamente contra hoteles llenos de ilusionados turistas y sus familias deseosos de conocer el país, puede aceptar árboles de navidad instalados todo el año, con vigilantes las 24 horas del día, apalear a mujeres en la vía pública, gritar y tirar piedras junto a magistrados de la Corte Suprema de Justicia deseosos de re elegirse y junto a jueces solidarios con esos magistrados. En la sociedad en “revolución”, el trabajo asalariado continúa. La enajenación del fruto del trabajo continúa, justificado porque ahora tiene que haber una redistribución diferente, una redistribución “justa”.

Lo que antes se decidía al nivel de empresas privadas, de juntas directivas de consorcios, de oligopolios, de carteles, se hace de una sola vez a nivel del Estado, bajo la guía de la dirección revolucionaria. Solamente se ha sustituido un grupo social de propietarios y acumuladores de riquezas, divididos en diversos ramas, clanes y especializaciones, por otro grupo social (la mayor parte proveniente de los sectores desposeídos anteriores), por esa “gloriosa” dirección y sus cuadros “revolucionarios”, un partido de clase, con conciencia de clase. Los dirigentes “revolucionarios” entonces, con esos poderes, son quienes distribuyen los beneficios de esta generación y acumulación de riquezas, bajo una concentración y centralización nunca vista.

Son los dirigentes “revolucionarios” y su círculo cada vez más amplio de familiares, amigos (donde cada vez es menos probable encontrar a personas con un perfil de principios y valores a lo Ché Guevara, aunque puedan ser expertos en manejo de simbologías y discursos guevaristas), los que deciden los movimientos, origen, destino, acumulación de esa riqueza social. Riqueza social con apropiación privada a través del Estado.

Dice un dicho popular que las únicas cosas que no se pueden ocultar en este mundo son la riqueza y el amor. Son insumergibles. En el primer caso, la escalada de los funcionarios en el consumo cada vez más suntuario, su cambio de régimen de vida, de apariencia, de ropa, de vivienda, de hábitos, en la inversión en nuevos negocios, que se manifiesta a veces en ellos mismos, pero en particular en su entorno familiar, son síntomas de esta nueva privatización de la revolución, de esta capitalización del proceso revolucionario. Lo rosadito de las partes íntimas de la desgraciada burguesía aparece mágicamente en los cachetitos de los rostros de la nueva clase revolucionaria incrustrada en el aparato del Estado. No es que el resto de la sociedad les tenga envidia por su escalada cuando se les enrostra esa involución… o evolución. Al fin y al cabo la lucha verdaderamente revolucionaria es por lograr un mejor régimen de vida. Pero para todos, no sólo para unos cuantos.

La riqueza flota y hace flotar a esos dirigentes “revolucionarios” y su clan familiar, de socios, de amigos, allegados, incondicionales, que como las mentadas matruiskas, reproducen fielmente, cada uno en su nivel, lo bueno, lo malo y lo feo, de la cúpula. En Nicaragua, ningún dirigente sandinista ha sido tan eficiente como Fidel Castro en Cuba , para no marcar una diferencia entre su status y la situación de su pueblo. El nivel de pobreza extrema y pobreza en general en Nicaragua es tal, que el contraste brilla en todo su esplendor al menor síntoma de despegue entre ese nivel de bienestar y consumo del pueblo, con el de los nuevos gerentes sociales del proceso “revolucionario”.

El Capital cambia de manos, pero no perece. La producción sigue siendo social. E igualmente, la apropiación del fruto del trabajo de todos sigue privatizada, solamente que ahora está en manos de esa dirección revolucionaria, de unas cuantas personas con amigos, fanáticos, simpatizantes, aduladores, familiares. Ya no está dispersa entre grupos económicos capitalistas. Se ha dado un paso adelante y ha surgido un grupo social, con poder, riquezas, consenso, factores que se han concentrado en esos pocos. Puede pasar cierto tiempo para que los cuadros “revolucionarios” dueños de ese poder inmenso, se den cuenta que deben reproducirse como estamento social para darle continuidad en el tiempo, al “proceso “revolucionario”.

Desde el tiempo de la disolución de la comunidad primitiva, la continuidad, la herencia, el legado de una generación a otra se resuelve mediante el proceso de privatización y acumulación privada. Y en el Estado “revolucionario” no es distinto. En Nicaragua, esta verdad se vio evidente en el caso de “La Piñata”, donde empresas y tierras confiscadas a sus antiguos propietarios (burgueses y terratienentes) terminaron en manos privadas de cuadros y dirigentes revolucionarios, gransformados por la magia del capital, en burgueses y terratenientes. Se confiscó la propiedad privada, para pasarla a otras manos privadas. Esto explica las entrecomillas de esta exposición en la palabra revolución. Ahora que estamos más claros, a los cuadros dirigentes, líderes, caudillos, etc., de este proceso “revolucionario” en el que este subgrupo termina apropiándose del trabajo ajeno y acumulando para sí la riqueza social, le podemos llamar “burguesía estatal” o bien “burguesía burocrática”.

Esto está bien porque el proceso de apropiación privada de las riquezas producidas socialmente no se hace a través de empresas privadas o relaciones salariales directas, sino a través del Estado y del aparato burocrático del Estado. Pero el status de “burguesía estatal” o “burguesía burocrática” es transitorio por cuanto si hay un proceso democrático y elecciones, teóricamente el control de la riqueza social llegaría a su fin, porque habría alternancia con otras fuerzas. Y hay dos medidas para sortear este inconveniente: eliminar o controlar al cien por cien ese proceso eleccionario y democrático, es decir, optar por el autoritarismo político o llevar a cabo una transferencia de riquezas desde el Estado, a la esfera privada de acumulación. O ambos.

De esa manera, la burguesía burocrática se capitaliza en la esfera privada, mientras “ordeña” la plusvalía social a su beneficio privado. Es genuino proceso somocista, en Nicaragua. Bien por Henry Ruiz, que lo ha denunciado recientemente.

 En el caso del FSLN, las transferencias de los chavodólares desde Venezuela, se estructuró originalmente a través de las alcaldías sandinistas, antes de las elecciones del 2006, ganadas por Ortega con un 38% de votos a su favor. En la actualidad, el flujo continúa a favor de esa acumulación privada. El objetivo estratégico es lograr una clase social objetivamente burguesa y capitalista y discursivamente socialista y de izquierda. Nada original, porque de alguna manera George Soros ya se había adelantado en algo así, ocupando la beneficiencia, el asistencialismo y el paternalismo con los pobres, simultáneo a sus especulaciones bursátiles e inversiones de oportunidad.

El capital vaporizado por la revolución vuelve a condensarse, a materializarse en la contrarevolución

 En resumen, la burguesía estatal simplemente sustituye a la burguesía en el proceso capitalista, aunque ese proceso signifique la revolución de liquidar toda propiedad privada sobre los medios de producción. El Estado “revolucionario” en realidad se convierte en comprador único de la fuerza de trabajo. La relación asalariada pasa de la Burguesía-Obreros a Estado-Obreros. Pero no desaparece en sí. Por lo que liquidar a los capitalistas no significa entonces, liquidar el capital.

Una sociedad estatista, socializada, no es en toda sus extensión una sociedad socialista, porque siguen funcionando las leyes del capital de la sociedad expropiada a través de la socialización de la relación asalariada y dependiente Estado-Obreros. Esas fuerzas del capital se materializan en los nuevos clanes de poder. Aparecen los nuevos capitalistas en ese nuevo ciclo. Es la burguesía estatal. “Es exclusivamente el dominio de la acumulación, lo que transforma el trabajo acumulado en capital . En la caja estatal de la acumulación capitalista, mete mano la burocracia revolucionaria buscando la fórmula mágica que la haga venir del mundo de los sueños, al mundo de las realidades. ¡Claro! ¡Aquí está! Cuando esas manos “revolucionarias” se apropian del trabajo ajeno, se da la trasmutación. El Capital, como en el juego de la Ouija, atrapa y se posesiona de los que osaron retarle.

El verdadero escondite de la contrarrevolución

La verdadera contrarrevolución se incuba entonces en el nido “revolucionario”. Allí, el capital conspira, se mueve, atrapa conciencias, acumula poder, reproduce su ideología y la práctica conciente de la privatización del fruto del trabajo. El Capital se venga así de sus verdugos. La burguesía estatal deviene en casta o estamento que genera su propia necesidad de reproducción y ampliación hasta el punto que es desde el aparato mismo ”revolucionario”, del mismo “glorioso partido revolucionario, representante digno de la clase obrera”, de donde sale el proceso de reversión, la verdadera contrarrevolución.

Claramente, como en el caso también de Nicaragua, los antiguos confiscadores y enemigos de la propiedad privada, terminan organizando sus propias empresas, casas comerciales, fincas de arroz, de café, modernas haciendas ganaderas, bancos, aseguradoras, empresas de transporte y hasta buscan sus propias refinerías, tanques almacenadores de petróleo o se vuelven rentistas clásicos (prestamistas, terratenientes, casa tenientes, isla-tenientes) “porque así no exploto trabajo asalariado”. Se da la ironía o más bien el cinismo histórico y social que los enterradores de la empresa privada se convierten en sus nuevos parteros. El espíritu del capital, descorporizado de sus antiguos agentes, toma para sí los cuerpos de los nuevos capitalistas que controlan el aparato del Estado. El capital resucita, se ha cumplido un ciclo de re encarnación.

El ciclo de la mariposa

Al impacto insurreccional contra el capitalismo, le sigue este regreso resurreccional, proceso al que podemos llamarle el ciclo de la mariposa: El gusano, el vil gusano del capitalismo, tiene que morir, tiene que perecer víctima de sus crisis e incapacidades para los nuevos tiempos. Viene un periodo de transformaciones violentas y radicales que azotan al gusano y lo niegan. Pasado un tiempo, brota pálida pero alada, la mariposa del socialismo que extiende sus alas al futuro etéreo e inicia feliz su vuelo “hacia el sol de la libertad” , en busca del punto donde el poder brille con “esa luz de eternidad” … Pero donde se va posando va dejando los huevecillos, la simiente de donde brotarán, inevitablemente, miles de gusanos, idénticos al original gusanito capitalista. Y el ciclo probablemente se repita ad infinitum, ”los muertos enterrando a sus muertos y volviéndolos a enterrar” .

¿Es inevitable ese ciclo? ¿Siempre el capital muerto va a resucitar a través de sus enterradores?

 Las “tablas de la Ley” no fueron escritas por el dedo de Dios, sino que por alguna causa, las tuvo que escribir Moisés personalmente. De la misma manera, por más que las direcciones “revolucionarias” digan que vienen de hablar con la zarza ardiente del Futuro, las disposiciones, creencias, mitos, principios, valores, órdenes, decretos, leyes, reglamentos, frases, discursos, arengas, disertaciones, de esa dirección “revolucionaria” deben ser puestas a discusión, a análisis, a escrutinio, a valoraciones de la manera mas libre posible, sin que se tema por el desacuerdo o el choque de ideas contrarias. Libre circulación e intercambio de ideas.

El pensamiento humano y menos el revolucionario, no puede ni debe ser privatizado a favor de los intereses de unos cuantos. La censura y represión a la libertad de opinión, de prensa, de expresión del pensamiento, es un real y concreto acto de privatización a favor de la burguesía estatal. Por lo tanto, la censura es verdaderamente contrarevolucionaria. Así como la fuerza de trabajo es el recurso último de posesión de los que ya están desposeídos de todo, sea en una sociedad capitalista o en una sociedad socialista, (es lo único que les queda para vivir y sobrevivir), de la misma manera, la fuerza de pensamiento, el libre albedrío personal, es el recurso último que los humanos y los trabajadores en particular tienen precisamente para defender a capa y espada su naturaleza humana, su naturaleza histórica como ser social.

Fuerza de Trabajo y Fuerza de Pensamiento es lo que determina precisamente nuestras diferencias sustanciales con el resto de seres vivos, lo que nos da dimensión histórica en el devenir del Universo. Sujeto, no objeto. El antídoto esencial contra el ciclo de la mariposa lo tenemos allí. No puede quedar el pensamiento atado a una roca soportando el suplicio de los buitres que buscan atragantarse con sus entrañas. Desconfiar de todo cuerpo de cardenales, de todo cuerpo de oficiales, de todo cuerpo de gerentes, de toda logia de hechiceros, de todo “Club del Ché” o de todo “Club Terraza”. No existe la infabilidad papal, mucho menos en cosas que tienen que ver con nuestros estómagos y nuestra mente. No hay ningún camino a través del desierto y hacia una Tierra Prometida, ni tablas de la ley escritas a espaldas del pueblo. La sociedad más igualitaria no exige el pensamiento más igualitario.

La primera lucha revolucionaria, desde ese punto de vista, es mental, es al nivel de la conciencia, pero de una conciencia libre, sin alguaciles ni comisarios políticos, sin censura ni auto censura, sin seguridad del Estado ni CPC vigilantes. Sin cárceles o multas por pensar diferente. Sólo de esta manera se podrá instalar contra aquel gusanillo, un “contra-Estado”, la fuerza social de control de la mayoría sobre la minoría, de los fieles sobre los cardenales, de los soldados sobre los generales. La rendición de cuentas debe ser un proceso permanente que asegura que nadie se erija en la tierra como un semidios. Y el primer paso en la rendición de cuentas es la libertad de pensamiento y de expresión.

Pequeño Epílogo

La defensa de la Libertad de pensamiento, de ideas, de expresión, de manifestación, es la tarea estratégica para defender un proceso verdaderamente revolucionario.

Es sintomático que todas las sociedades fracasadas en sus intentos de construir el socialismo compartan el hecho de no ser capaces de combatir ideas, con ideas. Esta necesidad se remarca cuando se plantea la tarea de luchar contra la burocratización de un poder revolucionario, pues la batalla de los pensamientos es el frente de batalla esencial contra la re encarnación del capital a nuevas expresiones.

Una derrota en el frente de las ideas sólo demostraría que la sociedad no ha podido combatir aquel gusanito ni siquiera en su propia conciencia.

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