Cadena de cooperacion para trasladar la prueba del delito de ecocidio

Quizás no hay ejemplo más concreto o espejo más fiel para retratarnos a nosotros los nicaragüenses, que nuestra relación con nuestra propia basura, nuestros desechos. Usted va a cualquier casa en cualquier barrio y observa de vez en cuando a las personas barriendo, recogiendo basura…para irla a botar detrás de la casa, al cauce inmediato, o simplemente barriendo hacia la calle o hacia el vecino.  

Vivo en Leòn y todas las mañanas una señora vecina lava los desperdicios de tres grandes perros, con grandes cantidades de agua y todo eso se viene sobre la cuneta y se estanca frente a mi vivienda. Luego barre el frente de su casa y deja los desperdicios amontonados en la frontera exacta de las dos viviendas. No ha habido manera de convencerla o negociar un cambio en su hábito. Al fin y al cabo su casa está limpia y la mía es la que ahora parece cochina. ¿Qué pasaría si yo hiciese lo mismo con mis vecinos de mas allá, para desembarazarme de esa basura? No ha habido más remedio que estar recogiendo en mi casa, la basura de esa señora.  

Es como que los nicaragüenses nos guiásemos ahora por la filosofía “después de mi, el diluvio”.  Fue aleccionador en ese sentido ver una cadena de cooperación humana formada por jóvenes y adolescentes, mayoritariamente, para sacar toneladas de basura de la ex laguna de Nejapa, en la Jornada de limpieza del domingo 25 de abril del corriente, convocada por jóvenes del Fondo Natura del Doctor Incer Barquero (que insiste en ser profeta en su propia tierra).  

La Laguna de Nejapa, una de tres importantes lagunas del centro urbano de Managua (¡qué privilegio mundial!) es de hecho, el primer asesinato ecológico  (en 1993 se declaró oficialmente seca) que hemos hecho en nuestras propias narices y con nuestra filosofía yoquepierdista.  

Privada de las filtraciones de las partes altas debido a las carreteras, calles,adoquinamiento pavimentación, al parcelamiento humano, el despale, Nejapa es ahora un charco denso aturugado de sedimentos, que crece con las lluvias, poblado ahora de sapos, zancudos, hedor y la basura de varios cauces que desembocan en esa hermosa depresión. No hay nada que hacer ya. Solo nos ha quedado su nombre, Nejapa. La capital ha perdido una de sus lagunas insignes.  

Jòvenes, niños, algunos adultos, damas diplomáticas, miembros del Ejército nicaragüense, colegios, liderados por el Fondo Natura concurrieron, como se cita, el domingo 25 de abril, a tratar de limpiar al menos los bordes accesibles de esta laguna. Botellas plásticas de Coca Cola, Pepsi Cola, Fanta, champús de diferentes marcas, aerosoles de distintos tipos, tapones, chancletas de hule, zapatos de plástico, cuero, hule, tela, llantas de bicicleta, carro, bus, tractor, ripios de tela de distinto tipo, color y textura, lápices, lapiceros, papelería de distinto orden y color, pedazos de radio, discos compactos, cartones de leche, bolsas de agua, pajillas, jeringas, vidrios, pedazos de madera y de muebles, resortes de camas, palos de escoba, de lampazo, botellas de licor de diferentes marcas, maletines, valijas despedazadas, restos de mochilas, vasos, tazas, platos y sus pedazos, fragmentos de calcetines, sábanas y mantas, pedazos de lona, silbatos, muñecas sin cabeza, cabezas sin muñecas y sus parte, brazos, piernas, ojos, cabellos, soldaditos de plástico, cacerolas con hoyos, pedazos de ollas, tenedores, tapas de barril, en fin, todos los pedazos no orgánicos imaginables de nuestra vida cotidiana. De alguna manera, restos arqueológicos de nuestra forma de vida y valores.  

Centenas de jóvenes hicieron una cadena en toda la ribera de la laguna para trasladar a la Chureca o al reciclaje, ojalá, esta prueba del delito de ecocidio.  

Masa de juventud y adolescentes que me trajeron la imagen de lo que las generaciones anteriores le estamos entregando a las generaciones relevos. Una Nicaragua que se muerde y despedaza a sí misma, una Nicaragua de causas sin sentido, una Nicaragua de desechos, desorden, anarquia, reciclando sus miserias, condenada a estar en el hoyo, recibiendo los desperdicios. Pero esa cadena de cooperación es aleccionadora. Es la juventud deshaciéndose del pasado, procediendo a la limpieza de nuestra irresponsabilidad, nuestro yoquepierdismo, nuestra filosofía de “después de mí, el diluvio”.  

Comentaba con una joven universitaria del American College este asunto y me dijo: “Ojala que éste fuera el comienzo de una verdadera educación ciudadana, que no suceda como en Nagarote”.  

-¿Qué pasa en Nagarote, le pregunté. Y me dice: “Hace unos años había una competencia  para seleccionar el municipio mas limpio de Nicaragua; Nagarote se esmeró y ganó el premio de “Municipio Azul” algunas veces. Hoy ya no hacen la competencia”.  

-Pero recién estuve en Nagarote, le repliqué, y todavía se conserva muy limpio y bonito.  

-Es verdad, me contesto la joven. Pero cualquier poblador que sale de los límites del municipio, una vez fuera de su perímetro, van botando la basura donde se le viene en gana. No ha sido suficiente mantener el municipio limpio. Los pobladores aun no estamos educados para ser “azules” en todas partes.  

Otra vez nos topamos con ese círculo objeto de tantas discusiones filosóficas: el cambio social genera los cambios de actitud personales…o se requieren los cambios personales para viabilizar los cambios sociales?  

Mientras dilucidamos esa entelequia, tendremos que estar bajando esos 160 metros hasta el fondo de la laguna de Nejapa, condenados a limpiar botellas plásticas de Coca Cola, Pepsi Cola, Fanta, champús de diferentes marcas, aerosoles de distintos tipos, tapones, chancletas de hule, zapatos de plástico, cuero, hule, tela, llantas de bicicleta…  

 Bueno, este saco de basura que llevo, está pesado, luego seguiremos conversando…

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