¿Que diríamos cuando una leona recién parida no defiende sus cachorros o cuando un ganso prefiere estar en tierra o como dicen en ciertos relatos, cuando el poderoso elefante está inmovilizado por una simple estaca en el circo?

Probablemente diríamos que son seres alienados, donde su situación objetiva no concuerda con su conciencia. La domesticación es una de las forma de alienación, que se explica en esa desconexión, disociación adaptación.

Nicaragua pasó de una dictadura militar a la promesa de un paraíso democrático y socialista prometido por el FSLN (“ríos de leche y miel”). No hubo tales, los ríos fueron de sacrificios, sangre, sudor y lágrimas. Sin resultados sostenibles.

De allí, pasamos a las promesas de un capitalismo boyante, modernizante, de empleo. No hubo tales, sino corrupción, cinismo, francachelas, negociados con el erario público. Un nuevo camino y pasamos, previo pacto entre un acusado de robo y un acusado de violación, a una nueva promesa de unidad, reconciliación, amor, paz y pleno empleo. No ha habido tales, más que la regresión a la cultura del garrote, la piedra, el fuego, la herida, el golpe, el cinismo, el malandrismo institucional.

Lo que quiero decir es que en breve espacio de tiempo pasamos, como pueblo, como ciudadanos, de ser revolucionarios anti imperialistas y anti capitalistas, a partidarios de la libre empresa, de los mercados mundiales,  de los tratados comerciales, la privatización, la libre competencia y ahora, a una nueva versión que combina la paz y el amor con el FMI (antes demonizado), a los llamados a un socialismo étereo, sin carne ni huesos ni sangre, a una privatización de lo colectivo (fondos venezolanos), a una solidaridad solamente entre camadas de la misma bandera.

 No hay valores nacionales, no hay ética en estos bamboleos de las clases dominantes sobre el resto del pueblo, de la ciudadanía. Ellos controlan las escuelas, los maestros, los textos, los discursos, los medios de comunicación, las movilizaciones de partidos

Una poderosa fuerza atada, sin conciencia de su poder

. Ellos son los administradores de nuestra alienación.

El pueblo nicaragüense es un poderoso elefante atado a una pequeña estaca de circo.

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