La guerra contra las condiciones naturales es sin tregua alguna

He viajado en avión desde Managua a Bonanza, Waspam. Y he visto como lo verde va dejando abiertos grandes espacios esqueléticos donde los arboles tumbados semejan desde lo alto como esos montones de palillos de dientes con los que a veces nos ponemos a jugar en una mesa. Por el norte.

Nueva Guinea, Verdum, Jerusalén, las antiguas colonias agrícolas del sur de la Costa Caribe que fueron instaladas por Somoza, con asesoramiento israelí, para mandar a la fuerza a los campesinos toma tierras de Chinandega, de León, padecen de sequías en una zona donde incluso en los años 80, llovía casi los 12 meses del año. Por el sur.

La ciudad de Managua fue testigo del espectáculo de la desaparición de la Laguna de Nejapa, donde hoy, debajo de una enorme antena de Claro-Enitel, se forma un charco espeso, condenado a no absorver suficiente agua por la desaparición del inventario de árboles y vegetación que el asfalto, las calles y los asentamientos y residenciales han ido desplazando en la cuenca que la alimentaba.

Ah! Managua colinda con un antiguo Lago donde por décadas drenamos no solo las heces de toda su población, sino desperdicios de fábricas de sosa cloro, de la refinería, de empresas de cemento que contaminaron con fosforo, mercurio, plomo, esas aguas. Al menos ahora se cuenta con una planta de tratamiento de las heces de los capitalinos.

Complementando este rápido periplo, mencionemos que la ciudad capital nicaragüense tuvo la genial idea de instalar su única refinería de petróleo en la mera orilla de La Laguna de Asososca, su reserva estratégica de agua potable. Cualquier desastre de derrame de petróleo o de sus derivados en instalaciones que ya llevan décadas, se infiltrarán de inmediato a este acuífero de cielo abierto. Por ejemplo, ¿un terremoto? ¿Por qué tuvimos que poner la refinería de petróleo en la mera orilla de nuestra reserva de agua potable?

Managua tiene en la mira liquidar de una vez a la Laguna cratérica de Tiscapa, hacia donde un genial alcalde sandinista desvió un cauce de inmundicias y ni Lewites, ni Aleman, ni Cedeño, que eran sandinistas y liberales, ni Alexis, que creo no era ninguna de esas dos calamidades, revirtieron al menos eso.

Si usted sube al cerro Coyotepe de Masaya, en tiempo de lluvia, para hacerse una idea de los combates librados desde allí en varias épocas históricas, incluyendo la resistencia a las invasiones de marines usaamericanos, le llamará la atención el detalle de ver construidas las pilas sépticas de la ciudad, en la propia orilla de la Laguna de Masaya y podrá observar cómo después de un buen aguacero, las aguas se rebalsan y van drenando, raudas, de nuevo, hacia la Laguna de Masaya.

Al ritmo actual, la próxima generación de nicaragüenses tendrá que conformarse con palillos de dientes plástico para su aseo dental de emergencia y los mayangnas y mískitos probablemente repetirán a la manera bíblica: “el hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza”. Su despensa natural se degrada a velocidad planetaria y el bosque, con el que construyen sus casas, comen sus frutos, cazan sus proteínas animales, ricas en aminoácidos que no se encuentran en los vegetales (y ellos no saben que en los países desarrollados es donde más proteína de origen animal se consume: carne, leche, huevos, lácteos, esenciales para el desarrollo neuronal). Miles de mestizos están invadiendo, sin control ni respuesta, a las antiguas áreas de esa autarquía indígena mayangna o mìskita.

En el resto del país, la barbarie y verdadera guerra contra la naturaleza, continúa más bien acelerándose.

Pude ver desde el muelle Salvador Allende de Managua, el año pasado, como un grupo de jóvenes bromistas y alegres tomaban piedras para hacer puntería contra uno de los  lagartos de cemento, piedra y hierro con los que la Empresa Portuaria adornó el frente del puerto, hasta quebrar el hocico de cemento y salir huyendo, disimuladamente.

“Un fantasma recorre Europa”, iniciaba el Manifiesto Comunista redactado por Marx y Engels para ilustrar cómo unas clases sociales se convertían en las predadoras de las clases oprimidas y explotadas. “Un fantasma apocalìtico recorre Nicaragua”, deberíamos parafrasear, por ese afán esencialmente destructivo que nos afecta como enfermedad social y de valores, mediante la cual exprimimos y explotamos, literalmente, las condiciones naturales que hemos heredado e incluso las obras materiales que podemos ir construyendo, no importa el partido político que lo haga.

Quizás en Nicaragua (bueno, y en otras partes, pero este es el pedazo que nos toca) en realidad no funcione eso de la lucha de clases y el fondo de todo sea una lucha sorda de todos, explotados y explotadores, contra las condiciones naturales, flora, fauna, agua, aire, paisajes, etc. Sin sustrato de condiciones naturales e incluso de condiciones materiales, no hay lucha de clases. Esta no se da en el aire. Expoliar a la naturaleza, permite expoliar con mayores márgenes, a los desposeídos de medios de producción y medios de cultura. Todo el sistema actual esta enfocado a lograr la máxima ganancia desde que se extrae cualquier recurso natural, en adelante.

Hasta exprimir esas condiciones naturales a su máxima capacidad y resistencia. Que tal vez la Naturaleza, que nos dispensa esas condiciones, una vez sometida al régimen de propiedad privada y de ganancias para unas minorías, sea una verdadera clase obrera, proletaria, despojada hasta de sus últimas vestiduras y que de vez en cuando estemos sufriendo los conatos de su resistencia liberadora contra esas cadenas en forma de sequías aquí, inundaciones allá, temblores y terremotos grados 9 u 8 por aquí, tsunamis o deshielos por allá, en una guerra de guerrillas que nos irá envolviendo hasta el punto que no sabremos qué hacer  ni cómo viene el próximo golpe emancipador de esa excelsa clase obrera, la Naturaleza, la explotada y oprimida antes que todos los demás.

Y que quizás podríamos haber llegado a un punto en el que la lucha de clase, la lucha por más ganancias a costa de lo que sea, se ha convertido y en particular aquí lo vemos en Nicaragua, en una guerra abierta de todos, contra la naturaleza. Donde el sistema hace cómplices del saqueo y la destrucción de las condiciones naturales, en primer lugar a los explotados y oprimidos seres humanos. Podríamos haber pasado de la lucha de clases a la lucha contra la naturaleza. Recordemos Tiscapa, Asososca, el Musún, Bosawas, Cayos Perlas, Granada, Laguna de Nejapa, Río Blanco, el dragado del Río San Juan. ¿Qué opina usted?

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