En Face Book, cita de Dionisio Marenco comentando mi nota: “Nicaragua: Timbucos y Calandracas del Siglo XXI) :
“muy interesante carlos el articulo. podrias elaborar sobre que hacer para generar una nueva cultura politica, que pueda llevarnos a vencer ese ciclo destructivo?  (…)”
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Santa María!

@Dionisio: Tamaña inquietud la tuya, que es la mía, Dionisio y la de muchos: ¿Como vencer nuestro propio ciclo destructivo como nación y como pueblo?

Tenemos que vernos a los ojos. Algo de eso comentó recientemente el ex comandante civil de la Contra, el Vicepresidente Morales Carazo, describiendo el efecto de verse a los ojos aquellos que estaban llevando a las puertas de la muerte a tantos jóvenes en los años 80. Es el diálogo y  a través del diálogo, reconocernos en el concepto de nación. No es el diálogo de las cúpulas, sino el diálogo cotidiano entre nosotros, los de a pie.

En Nicaragua no hay diálogo. Hay tantos monólogos como actores. O Pactos, que son conspiraciones elitistas contra el diálogo. Tenemos que hacernos una revisión de nosotros mismos en qué hemos fallado y en qué hemos contribuido hasta el actual estado de cosas y luego, tener la entereza de corregir. El dia-logo, la palabra entre dos partes, es el paso inicial, me parece, para detener nuestro ciclo auto destructivo y recurrente.

Es fundamental el sentido de ese diálogo: reconocernos como elementos de un concepto de nación. Como la conciencia de los palestinos o de los israelitas sobre sí mismos, ¿por qué no?, que saben que cualquier individuo del colectivo es parte de algo más universal, envolvente, permanente, estable y esencial para todos. El ser y el sentido de ser, Nicaragüenses.

Hacer surgir nuestro sentido de identidad, de pertenencia. Romper con ese falso paradigma de los ideólogos tradicionalistas como Pablo Antonio Cuadra, que nos pintó como un pueblo trashumante, anárquico, que no pierde el tiempo ni siquiera en pintar las humildes paredes de sus casas, porque un supuesto espíritu aventurero le empuja a emigrar, a desarraigarse, a abandonar.

Es sintomático y muy conocido cómo los nicaragüenses, al contrario del común de las nacionalidades, desmantelamos, literalmente, nuestro acento, de manera extraordinariamente rápida y hablamos como ticos si estamos en Costa Rica, como panameños, españoles, mexicanos, cubanos, según el caso (¿recordàs el deje todavía arrastrado, a lo cubano miamense, de uno de los dirigentes y diputados del PLC, ya peli cano, que manifiesta aun hoy en día?… ni rastro de acento nica. No hay sentido de pertenencia.

Escuchamos al padre Juan Bautista Arrien, que casi nació aquí en Nicaragua, y no se deshace de su voceo español. Arraigo espiritual a la comunidad que lo parió, sentido de pertenencia, de patria, de nación. Ama, obviamente a Nicaragua, es nicaragüense y ha hecho más que muchos de nosotros, por esta nación, pero tiene su hilito espiritual, su ombligo de pertenencia.

El orgullo, la vocación de servir  a la nación ( cuyo status en Nicaragua no se ha investigado a fondo, científicamente, hasta donde estoy enterado), es nuestra debilidad y lo que explica esa facilidad a darnos de tortazos a cada momento, a hacernos vivianadas, demostrar fuerza, burlarse del contrincante, minimizar los logros del otro, estigmatizarlo y llenarlo de epítetos, en esa lucha al  estilo de los punches en la olla de nuestros mercados, tratando de salir del fuego por la vía de encaramarse el uno en el otro, para ser arrastrado al fondo del infierno por el otro que quiere salir. Por ello todos terminamos servidos en sopa.

Nación. Clamar y luchar por el derecho a poseer una nación. Tener ese sentido de pertenencia, saber que poseemos todos algo en común. No sentirnos extraños ni amenazados en nuestra propia tierra, donde nacimos, donde luchamos por hacer nuestras vidas, donde nos enamoramos, casamos, trabajamos, tenemos hijos, vamos al parque, a las playas y procuramos hacer todo lo mejor posible. Darnos cuenta que la diversidad, igual que en el entorno ambiental, y a la cual consideramos “tesoro patrimonial”, es parte necesaria e indispensable de la vida social, política, cultural, racial, étnica, lingüística, ideológica, moral, espiritual, económica, etc., de un pueblo como el nuestro.

Luchar por el diálogo, bien! ¿Y qué hacemos con los garroteadores y quema carros  como el alcalde de León? Una parte esencial del cambio en la cultura política es esforzarse en hacer cambiar la línea excluyente y violenta del sandinismo, al menos el neo sandinismo del Siglo XXI “cristiano, socialista y solidario”. Esos no son valores que construyan una nación, porque son valores de secta y por lo tanto, sujetos a la interpretación de sus mismos formuladores. Son conceptos-melcochas o ese tipo de conceptos, parafraseando a Sábato (ese reaccionario misógino), “viscosos protoplasmas que adoptan la forma del recipiente que los contiene”.

¿Cómo dialogar con los garroteadores? Me parece que la única manera es mantener la frecuencia de la presión por el cambio, la sintonía. Si la presión y la frecuencia de presión baja, si no hay resonancia contra el poder arbitrario y excluyente, su violencia se fortalecerá. La estrategia básica de una resistencia ciudadana, es debilitar y aislar esa naturaleza violenta y excluyente del poder, aislarlo  moralmente. No se consigue de la noche  la mañana, tal vez. Mandela se llevó su rato contra un esquema semejante.

Pero el status “cristiano, socialista, solidario” debe ser sometido a una presión planificada, frecuente, permanente, no episódica ni casuística como hasta ahora. Por ejemplo, si somos socialistas, por qué no nacionalizamos y recuperamos la soberanía en la distribución de la energía eléctrica, nacionalicemos Unión Fenosa? ¿Por qué no nacionalizamos Albanisa?  Si somos solidarios, ¿por qué  no fundamos, el BANCO DE LOS POBRES, que con recursos del gobierno socialista que tenemos, seguramente va a tener mas éxito que el Grameen Bank, fundado en Blangadesh por el profesor de economía Muhammad Yunus?
Todo proyecto de dictadura es secuestro de la lucha por la nación.

Y ninguna dictadura es tan frágil como para salir de ella con algunos escobazos y ni siquiera con la mera  indignación y el asco de miles. Se requieren acciones, unas tras otra, unas tras otra, una oleada permanente. Y el movimiento de dialogo, que genera información, conocimientos, convencimientos, transformaciones, cambios de postura, cambios en puntos de vista, en posiciones, en actitudes destructivas y violentas. Un movimiento de OLAS, persistente, incansable.

Ya Nicaragua puso la cuota de muertos suficiente para forjar una nación respetable y próspera. Tenemos pagado por adelantado, con esas vidas, digámoslo, de sandinistas, contras y no sandinistas y no contras, ese futuro. Esa sangre no quiere mas sangre. No hay más alternativa que el diálogo y la lucha persistente, de todos, por este suelo, por esa nación, por esas alas que nos darán sentido de arraigo, de estar aquí, de no tener que huir, ni escondernos, ni emigrar para siempre. Nicaragua.

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