Forjar la unidad nacional fuera y contra el Pacto

Nicaragua, en toda su vida republicana independiente (1838-fecha), solo ha conocido tres tipos de momentos políticos, que se alternan de manera monótona y casi siempre, de manera sangrienta y violenta:

1. Un momento de anarquía y de lucha por el poder estatal, en el cual dos fuerzas en pugna se combaten fieramente hasta la liquidación y rendición total del contrincante. En ese caso, como resultado de la aparente derrota total de una de las partes, la otra, al adueñarse del poder estatal, se erige como fuerza onmívoda.

2. Sube y escala el poder el vencedor de los campos de batalla. Viene el momento de imposición del orden, del surgimiento del formato autoritario y excluyente que tiende a aplastar y perseguir todo lo que suene a adversario de la fuerza política en el poder. Este orden de cosas va acumulando contradicciones y alentando, poco a poco, la convicción que solamente a balazos y de manera violenta se puede volver a otro orden de cosas menos excluyente y autoritario. Surgen proclamas anti dictactoriales y libertarias que reclutan fácil a los nuevos combatientes. Llega el momento de anarquía y de lucha por el poder estatal….y la historia se repite y nos empantanamos en la nueva guerra. Así, hemos vivido guerras entre familias, entre caudillos, entre ciudades (León vs Granada), entre facciones, entre partidos, guerras civiles y la llamada Guerra Nacional, en realidad la primera Guerra de Liberación Nacional (1856).

 3. Especialmente después de la Guerra Nacional, aparece y aumenta su frecuencia el Pacto Político, que persigue institucionalizar la participación del contrincante en algunas cuotas de poder en el gobierno, en el Estado, aunque en una verdadera transacción de compra y venta de concesiones, de acuerdo a la correlación de fuerzas, normalmente entre dos contrincantes principales, que llevan, de manera excluyente y a niveles de alta corrupción y demagogia, el contubernio contra las mayorías expectantes.

Así, no hemos tenido guerra alguna que nos lleve a formas más democráticas, ni formas autoritarias que nos lleven a la paz, ni pactos que nos conduzcan a la democracia o a la paz. Esta “ley” a la que nos hemos sometido desde 1838, cuando decidimos romper la República Federal de Centroamérica (fuimos de los primeros, El Salvador fue de los últimos), nos ha empantanado como nación y como pueblo, trayendo grandes costos y sufrimientos. Hemos quedado empantanados estos últimos 172 años, mas de 8 generaciones, entre las Guerras, el Autoritarismo y los Pactos, nuestros tres particulares Círculos del Infierno, para recordar al Dante.

Y lo relevante es que estamos allí recurrentemente, por los mismos Timbucos y Calandracas de nuestros inicios republicanos, nuestros eternos partidos políticos que se llamen “leoneses y granadinos”, Legitimistas o Democráticos, Liberales o Conservadores, Orteguistas o Alemanistas, muestran que no hay Beatriz que nos pueda señalar el rumbo o la manera de salir de esos círculos infernales a los que como país parecemos estar encadenados, mientras hasta casi todos nuestros vecinos centroamericanos, son una prueba fehaciente que hemos estado haciendo muy mal las cosas, como nación.

Políticamente no hemos avanzado nada. La supuesta guerra de ideologías en los años 80 en realidad no era nada: después de más de 50 mil nicaragüenses mutuamente asesinados, terminamos, como ahora, gobernados por los señores de la guerra de esos años, Ortega y Morales Carazo, sandinistas y contras. Pacto. !Tántas y tan valiosas vidas!… ¿para qué logros? Eso fue un verdadero genocidio. Hèroes y martìres de ambos bandos, sacrificados, y no hemos llegado a las prometidas “tierras de leche y miel” como parafraseaba hasta bíblicamente el programa del partido gobernante actual. 

Y mas bien estamos en un sistema que funciona como esas inicialmente humedecidas correas de cuero en el desierto alrededor del cuello de los esclavos: cada vez se van cerrando los espacios, la tolerancia, y la acción común, el consenso, el disenso, productivo, se van reduciendo de nuevo, acumulando resentimientos, frustraciones y ansias de vindicta.

En este corto periodo de decisiones importantes que tenemos enfrente: 2010, 2011, nos estamos jugando la oportunidad de tratar de romper esos tres falsos caminos (Guerra, Autoritarismo, Pactos) y  esa falsa dicotomía entre nuestros actuales Timbucos y Calandracas del Siglo XXI, Orteguistas y Alemanistas.

Un primer paso es exigir a Eduardo Montealegre y de manera particular a Edmundo Jarquin, del Movimiento Vamos con Eduardo y MRS respectivamente, a que se alejen de los Timbucos y Calandracas pactistas, que rompan ese juego que le han estado haciendo objetivamente, al Pacto, que la cacareada unidad con el PLC es una unidad para fortalecer el Pacto con Ortega y por lo tanto, seguir en esa alianza es hacerle el juego a estas fuerzas anti- nación, que nos tienen sumidos en la pobreza material, espiritual, ética, como nunca antes en nuestra historia republicana.

Forjemos la verdadera unidad nacional fuera y contra el pacto. Es la única manera de salir de los tres círculos infernales, de los Timbucos y Calandracas de este Siglo XXI.

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