Leí en mi muro de Facebook, una sentencia de Azahálea Solís Román, que es una de esas afirmaciones que podemos llamar, “escritas en piedra”, en relación al balance objetivo de la Marcha de las Escobas, convocada por la Unión Ciudadana por la Democracia el pasado 20 de marzo 2010.

 

Resulta que se hacía un balance cualitativo y cuantitativo de la convocatoria, llegando a la conclusión que esta movilización era más un ejercicio de afirmación de derechos de expresión y demandas de parte de un sector de la población, que una demostración de fuerza. Y decía la Lcda. Solís Román lo siguiente, en relación a la crítica de la poca asistencia numérica a la marcha:

 

Y esto creo que es un punto fundamental: cuántas personas estamos convencidas que el cambio es nuestra responsabilidad individual.(…) Cada persona debemos tener conciencia plena de la ciudadanía como derecho y como deber. No hay persona de afuera, no hay seres iluminados, no hay soluciones mágicas. Sólo hay voluntades políticas personales, comprometidas y dispuestas”.

 

Y esa es una gran verdad, del tamaño de la Catedral que está frente al Centro Comercial Metrocentro: No pueden haber grandes manifestaciones, contundentes demostraciones, grandes huelgas obreras, de empleados públicos, de policías, huelgas masivas y políticas contra un poder establecido y repudiado, y ni siquiera una votación electoral, si primero no ha habido un proceso de toma de conciencia individual, esa conciencia plena de la ciudadanía que nos da una dimensión de nuestros deberes y derechos. Y en especial, no hay redentores, mesías políticos, raza de iluminados, magos o exorcistas que con un solo conjuro, cambiarán un estado de cosas no deseado, a otro deseado.  Por extensión, tampoco hay organizaciones de redentores profesionales, grupos especialistas de mesías políticos, partidos de iluminados, magos y exorcistas que le den un rumbo mejor a la vida republicana en Nicaragua.

 

Es claro que no hay ningún partido político que saque a Nicaragua del atolladero en el cual cada vez nos empantanamos más. Digo no hay, no que no puede haber. Quizás podría haber. Pero de la gama actual que va desde el FSLB, PLC, VCE, PLI, MRS y demás etcéteras de la oferta político- ideológica disponible, es claro que ninguno ofrece por sí mismo una salida viable a este rumbo de cosas y al contrario, se han constituido en minorías profesionales expertas en intrigas de palacio más que en esa labor educativa, formativa, movilizadora que conforme la ciudadanía con ”voluntades políticas personales, comprometidas y dispuestas” y añadamos: “plenamente informada”.

 

Organizaciones políticas no partidarias como La Coordinadora Civil, Movimiento por Nicaragua, Unión Ciudadana por la Democracia, Red de Resistencia Ciudadana, Red de Resistencia Civil, etc. tampoco pueden llenar ese vacío, aunque su aporte sea significativo y necesario. Estamos en una situación especial donde se vienen acontecimientos importantes como las próximas elecciones presidenciales, fenómeno político-democrático de mucha relevancia para la paz social, cuando la oferta política es un “oligopolio partidario”, que ofrece seleccionar entre dos opciones, para no cambiar nada, y mientras la conciencia ciudadana se manifiesta en su más bajo nivel.

 

El ejercicio de los derechos y deberes ciudadanos, tales como el derecho a organizar y marchar planteando demandas específicas o incluso cuestionando el poder político en su esencia, es parte del esfuerzo educativo y organizador de la ciudadanía responsable, aun cuando se haga, como en el caso de la Marcha de las Escobas, en absoluta independencia y autonomía de las sociedades profesionales llamadas partidos políticos. Incluso, como fue el caso, en denuncia y contra ellos (“Hallowen”, la calificó un alto dirigente del PLC; que” barran las calles”, expresó un dirigente del FSLN).

 

Este fenómeno especial, donde los ciudadanos buscan canales de expresión y movilización por sus demandas políticas, demuestra,  que en las condiciones presentes, los partidos políticos actuales, tal como han sido, son, están y seguirán estando, no son parte de la solución nacional, sino de los problemas a superar en esta crisis.

 

Y de esa manera vemos que la crisis de la democracia- y su solución- comienza en la propia conciencia de cada uno de nosotros. El trabajo es más arduo, más de topo, más lento, menos de demostraciones. Es de fuerza vs fuerza. Conciencia contra Conciencia. Poco a poco. Y poniendo los respectivos niveles de conciencia ciudadana que se vayan logrando, en acción ciudadana. La constancia es el secreto de esa lucha.

 

 

 

 

Un piquete de activistas lanza escobas contra el local del CSE
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